10 de Noviembre de 2018
Andrés Manuel López Obrador ofreció un gobierno de reconciliación nacional. Pero el debate del aeropuerto reactivó, en octubre, el discurso del candidato en contra de la mafia del poder.
Acto seguido, la consulta se convirtió en una demostración de que el próximo gobierno no sería “un florero” frente a la oligarquía.
Se habló de la caída de la Bolsa Mexicana de Valores (BMV) y de su pronto repunte cuando los empresarios afectados por la cancelación de Texcoco se dijeron satisfechos con las explicaciones del Presidente electo.
Sorteado el capítulo del NAIM con la promesa de que, en la Cuarta Transformación, se cuidará la estabilidad económica y habrá certeza para los inversionistas, noviembre arrancó estirando la cuerda, al menos desde el plano del discurso.
Ocurrió en el encuentro de López Obrador con diputados y senadores de Morena, Partido del Trabajo y Encuentro Social para definir la agenda parlamentaria en lo que resta del año.
Fue ahí, el lunes 5 de noviembre, cuando el Presidente electo desempolvó el discurso antisistema económico que empleó en las campañas de 2006 y parte de 2012: la bandera contra el neoliberalismo.
“Quiero que cuando menos se ponga un renglón en la Constitución que diga algo así: los aumentos al salario nunca serán inferiores a la inflación. Que entre todos le demos cachetada con guante blanco a la política neoliberal”, explicó.
Más allá del voluntarismo que expresa un pronunciamiento de esa naturaleza, la de establecer constitucionalmente una obligación económica de los empleadores hacia sus empleados, llamó la atención el uso del lenguaje.
Al siguiente día, el martes 6 de noviembre, el próximo titular de la rehabilitada Secretaría de Seguridad, Alfonso Durazo, compartió en sus redes sociales un spot en el que se anticipan las coordenadas discursivas de la pospuesta estrategia para la pacificación.
En el video, López Obrador asegura que su compromiso es atender las causas que originan la violencia desatada “por la política económica, antipopular, injusta que se ha venido imponiendo”.
En el spot, el Presidente electo reitera su ofrecimiento: “Cambiar la política económica neoliberal… Bienestar material y bienestar del alma”.
¿A qué se refiere el próximo mandatario cuando habla de la política neoliberal? A los salarios bajos, sí. Pero también a esos mercados que había toreado dos semanas atrás cuando hubo calificadoras que desaprobaron la cancelación de Texcoco.
Suponemos que, según el lenguaje de sus legisladores, a la voracidad de las transnacionales en el negocio petrolero, a la especulación financiera y a la mano invisible del mercado global sobre la voluntad de los Estados…
Suponemos. Porque la pregunta seguirá abierta en tanto no se precise hasta dónde vamos a pelear contra ese abstracto monstruo del neoliberalismo.
El experimentado parlamentario, exgobernador, exsenador, exdiputado, exdelegado y ahora jefe de la bancada de Morena en la Cámara alta, Ricardo Monreal, juzgó que el momento de ir contra los abusos de los bancos había llegado. Y presentó este jueves 8 de noviembre una iniciativa para eliminar el cobro de las comisiones.
Inmediatamente, las acciones bancarias se desplomaron en la BMV, constituyéndose la peor caída de los últimos siete años.
Por la noche de ese jueves, el futuro secretario de Hacienda salió a apagar el incendio con el argumento de que las entusiastas ideas de los legisladores no iban a aplicarse si afectan las finanzas públicas.
Pero el manotazo de Carlos Urzúa no fue suficiente. Tampoco valió el deslinde de la presidenta de Morena, Yeidckol Polevnsky, cuando aseguró que en el partido no avalaban esas posiciones.
Y la BMV seguía cayendo, hasta que el Presidente electo restauró el orden bursátil con una promesa que, desde ya, amarra las pulsiones antineoliberales, las suyas y las de sus legisladores:
“No vamos nosotros a hacer ninguna modificación al marco legal que tiene que ver con lo económico, con lo financiero, con lo fiscal, en esta primera etapa del gobierno”.
Hecho el compromiso por López Obrador, la BMV dejó de caer.
Quedan ahí, llanas y registradas, las lecciones de esta semana para el Presidente, su gabinete y sus gladiadores legislativos.
Una: cuando se gobierna, las palabras no son de papel. Cuentan, pesan e incluso valen dinero.
Y dos: la injusta realidad no puede cambiar por decreto. Existe. Es dura. Y se manifiesta.
El recordatorio ha sido frontal: López Obrador encabezará un gobierno después de haber hecho compromisos con todos los sectores económicos y sociales.
Nadie duda de que será el Presidente con mayor consenso y liderazgo político desde que la pluralidad mexicana consiguió expresarse en la competencia electoral.
El problema hoy, a tres semanas de la toma de protesta, es que aquellas contradicciones que eran anecdóticas en tiempos de campaña, cuando tenía promesas para los sectores populares, las clases medias y los empresarios, hoy generan confusión y desconfianza.
Source
http://www.excelsior.com.mx/opinion/ivonne-melgar/contra-el-neoliberalismo-hasta-cuando/1277454
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