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Cuaresma, tiempo para desarrollar la inteligencia del corazón

Inicia nuestra Iglesia el itinerario cuaresmal que nos llevará a la Pascua. Es un tiempo de renovación, es un tiempo para iniciar un viaje hacia dentro de nosotros mismos para mirar qué nos mueve en la vida.

La Cuaresma la viviremos, nuevamente, en un tiempo de pandemia, realidad que nos impone ciertas medidas de bioseguridad para salvaguardar la vida nuestra y la de nuestro prójimo. Es expresión del amor que debemos a los demás.

Estamos poco habituados a pensar en el otro porque se nos acostumbró a mirarnos como si fuésemos “el centro del universo”, a considerar que cada uno llenaba el espacio y allí no cabía nadie mas. Todo nuestro ser y quehacer estaba motivado por la idea de “lo ancho para mí, lo angosto para el otro”. Típico de lo que los analistas llaman “la viveza del venezolano”.

Pues bien, la situación mundial de pandemia, de la amenaza del Covid-19 ha venido a desnudarnos de nuestras atávicas seguridades materiales y a desarrollar habilidades y actitudes para expresar lo que el Papa llama el “amor social”.

El amor era poseer al otro, era “solo para dos”. y se cerraba. Los otros no tenían cabida en el término. Pues resulta, que hemos descubierto que el amor fecunda nuestra disposición para ir hacia el otro, es un dinamismo que nos abre, que nos permite salir, que lanza puentes y derriba muros.

Es la inteligencia del corazón lo que se nos pide que desarrollemos a fin de potenciar las realidades que construyen nuestra sociedad; para ello es preciso que aceptemos que en la Cuaresma Cristo viene a nosotros pobre pero lleno de gracia y de ternura para que despertemos los dinamismo generadores de fraternidad que bullen en el corazón humano.

En la Cuaresma se nos pide fortalecer la Esperanza ¿cómo hablar de esperanza en este tiempo de pandemia? Todo parece sombrío en el panorama; no se columbran en el horizonte tiempos de normalidad. Brazos caídos y rostros sombríos marcan el día a día de nuestras ciudades.

Aquí está el meollo de la situación: el ser humano experimenta que siempre sueña. Y eso es signo del dinamismo de esperanza. “Vivir es esperar” (Casiano Floristan). La esperanza es lo último que se pierde se afirma en el argot popular. El ser humano no puede no esperar, todo en su existencia reclama “el principio esperanza” (Bloch), va mucho mas allá del simple amanecer y anochecer porque el tiempo viene marcado por las relaciones interpersonales. Y esta es una realidad que se vive cotidianamente ya que en cualquier lugar en que se encuentre un ser humano, nunca está solo, aún cuando diga “yo” siempre dice “nosotros”.

Los autores distinguen entre espera (lo que llega es debido al esfuerzo humano y la esperanza (lo que adviene nos sobrepasa humanamente). Con todo, las esperas van construyendo la esperanza, son los ladrillos que van levantando un puente para caminar hacia y con los otros que están en el mismo sendero.

La Jornada Nacional de la Juventud 2021 tenía como lema “joven venezolano, te hago testigo de las cosas que has visto” ¿Y qué hemos visto”.

Hemos visto que el amor no está muerto porque hay personas que todavía se esfuerzan por servir a los demás, hemos visto que los enfermos, los pobres han confiado en que se le tendería una mano. Y sus esperanzas se han visto satisfechas.

La Providencia Divina ha prodigado su bondad en esta nuestra tierra ya que nos ha dado un motivo inmenso de mirar con esperanza el mañana porque suscitó a un hombre que vivió para servir, que hizo de su vida un servicio a los más pobres y necesitados: el futuro Beato Dr. José Gregorio Hernández C.

El galeno trujillano se esmeró en el desarrollo de su vida, abonándola con los valores que aprendió y vivió en su entorno familiar  y que después desplegó en su vida ciudadana: fe en Jesucristo, laboriosidad, rectitud, solidaridad, amor al prójimo, profundo respeto al otro –independientemente de como pensara-.

El Dr. José Gregorio Hernández supo vivir en una profunda cuaresma toda su existencia por cuanto estuvo siempre movido por el “principio esperanza”, lo cual le llevó a descubrir en cada ser humano a un hermano, no permitió jamás instrumentalizar su vocación de servidor público; el cariño y el respeto que se granjeó por su estilo de ser y de hacer no los utilizó para hacer bienes de fortuna material.

Que en esta cuaresma sepamos desarrollar la inteligencia del corazón.

21 /02/21 +José Manuel, Obispo

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