Francisco C. De La Torre
Una filtración masiva de datos y las recientes sanciones de Washington ponen al descubierto el poder del holding militar que acumula miles de millones mientras la isla vive a oscuras.
LA HABANA — En las calles agrietadas de Centro Habana, el paisaje diario es una coreografía de la miseria: apagones de doce horas, farmacias vacías y ancianos que estiran pensiones de subsistencia para comprar un cartón de huevos. Sin embargo, a pocos kilómetros, en el litoral turco de Varadero y en los cayos del norte, se alzan imponentes complejos hoteleros de cinco estrellas con piscinas infinitas y bufés repletos.
Esta desconexión no es un accidente del destino, sino el resultado del diseño económico de la institución más poderosa y hermética de Cuba: el Grupo de Administración Empresarial S.A. (GAESA).
Administrado con puño de hierro por las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), este megaconglomerado opera como un “Estado dentro del Estado”. Según análisis económicos y recientes informes de inteligencia internacional, GAESA controla entre el 40% y el 70% de la economía cubana, monopolizando las divisas extranjeras, el turismo, las remesas, las tiendas minoristas en Moneda Libremente Convertible (MLC) y los principales puertos, como el de Mariel.
Durante décadas, sus finanzas fueron el secreto mejor guardado de la cúpula castrista. Pero una serie de filtraciones masivas de sus estados financieros y una nueva ofensiva de sanciones por parte de la administración estadounidense de Donald Trump han dejado al descubierto un gigantesco botín acumulado por los militares, avivando la indignación de una población exhausta.
El origen de la “Casta Militar”
El embrión de GAESA nació en la década de 1980 bajo la tutela de Raúl Castro, entonces ministro de Defensa, quien buscaba un modelo de “perfeccionamiento empresarial” inspirado en técnicas capitalistas para hacer al ejército autosuficiente. Tras el colapso de la Unión Soviética en 1991 y el inicio del devastador “Período Especial”, el experimento militar se expandió agresivamente hacia el turismo con la creación del Grupo Gaviota.
Cuando Raúl Castro asumió la presidencia de la isla en 2008, el poder de GAESA se tornó absoluto. Bajo el mando del general Luis Alberto Rodríguez López-Calleja (fallecido en 2022), el consorcio absorbió las mayores corporaciones comerciales del país, como CIMEX y el Banco Financiero Internacional (BFI).
“El gran drama macroeconómico de Cuba es que GAESA es el elefante invisible”, señala el economista cubano Pavel Vidal, en un estudio para la Universidad de Columbia. “Mientras el Estado cubano está en bancarrota, sin divisas para comprar combustible o reactivar la agricultura, el conglomerado militar retiene jugosas utilidades y mantiene sus propias reservas internacionales fuera del escrutinio del Banco Central”.
Los datos filtrados son demoledores: mientras la isla se sumía en una crisis sanitaria y alimentaria global, GAESA destinó más del 36% de la inversión pública del país a la construcción de hoteles de lujo. En contraste, la inversión en agricultura apenas rozó el 3%, y la salud y educación recibieron partidas ínfimas. El resultado son miles de habitaciones hoteleras vacías en un país que no tiene cómo alimentar a sus ciudadanos.
La opacidad es tal que incluso los altos funcionarios civiles de la isla carecen de acceso a sus libros contables. En 2024, la entonces Contralora General de la República fue destituida fulminantemente tras admitir en privado que desconocía los balances financieros del emporio militar.
La pinza de Washington: Las sanciones secundarias de Trump
La arquitectura financiera de GAESA enfrenta ahora su mayor amenaza externa. El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, firmó la Orden Ejecutiva 14404, introduciendo por primera vez sanciones secundarias específicas contra el régimen de La Habana.
A inicios de mayo de 2026, el Departamento de Estado incluyó directamente a GAESA y a su presidente ejecutivo en la lista de Nacionales Especialmente Designados (SDN) bajo este nuevo marco. A diferencia del embargo tradicional, que solo penaliza a entidades con nexo estadounidense, las sanciones secundarias tienen un alcance extraterritorial agresivo. Cualquier banco extranjero, naviera o corporación multinacional de España, Canadá o América Latina que realice transacciones con GAESA se arriesga a quedar completamente excluida del sistema financiero de los Estados Unidos.
“Es un golpe quirúrgico al corazón del sistema cleptocrático cubano”, declaró el Secretario de Estado de EE.UU., Marco Rubio.
Para los analistas internacionales, esta medida asfixia las operaciones internacionales de GAESA en paraísos fiscales y sus lucrativos negocios en países aliados, como Angola, de donde extrae cientos de millones de dólares anuales mediante contratos de servicios médicos y de construcción. Sin embargo, la medida genera dudas sobre si acelerará el colapso definitivo de la economía interna o forzará una capitulación política.
Implicaciones para el futuro: ¿Reforma o colapso?
El destino de Cuba parece indisolublemente ligado al desmantelamiento de este monopolio castrense. Expertos y líderes de la sociedad civil coinciden en que cualquier transición democrática o reforma económica exitosa requerirá de pasos drásticos:
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Disolución y Auditoría Externa: Expertos de la oposición y economistas independientes sostienen que no es saludable para ninguna nación que un oligopolio militar controle el 95% de las transacciones financieras en divisas. El holding debe ser auditado de forma independiente, sus activos transparentados y transferidos al Ministerio de Finanzas para responder al presupuesto del pueblo.
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Fin del Monopolio de Divisas: Las remesas familiares enviadas por el exilio deben dejar de pasar por las financieras de los militares. La eliminación de las tiendas MLC —donde el Estado vende alimentos a precios dolarizados prohibitivos para el salario local— es una demanda popular urgente.
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Estabilización de los Servicios Públicos: Si las reservas líquidas de GAESA (estimadas por algunas filtraciones en miles de millones de dólares en efectivo) se inyectaran en la maltrecha infraestructura nacional, Cuba podría resolver la crisis energética de forma inmediata, deteniendo los constantes apagones y reabasteciendo el sistema de salud pública.
El anhelo de una vida próspera
Para los cubanos de a pie, la caída del monopolio militar no es un debate ideológico, sino una cuestión de supervivencia. Una economía liberada de la tutela militar abriría la puerta a un verdadero sector privado: las PYMES locales (mipymes) podrían importar y exportar directamente sin mediación del ejército, estimulando la producción nacional de alimentos y bienes de consumo.
“Trabajé 30 años en un hospital y mi jubilación no me da para comprar un litro de aceite en las tiendas de los militares”, comenta bajo anonimato un médico retirado en El Vedado. “Nos dicen que la culpa de todo la tiene el bloqueo, pero ahora vemos que los generales tienen cuentas llenas de dólares afuera mientras el pueblo no tiene qué poner en la mesa”.
Mientras los rascacielos hoteleros de GAESA, el monopolio militar de Cuba, continúan rompiendo el horizonte de La Habana como monumentos a la opacidad, el descontento social sigue alcanzando niveles históricos. La presión combinada del hambre interna, la presión diplomática y las demoledoras sanciones de Washington amenazan con quebrar los cimientos de este imperio verde olivo, demostrando que el verdadero obstáculo para la prosperidad de Cuba no está al otro lado del Estrecho de la Florida, sino instalado en las oficinas climatizadas de sus propios generales.
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