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Gilda, la maestra jardinera que se animó a luchar contra el machismo en la cumbia – Mar del Plata OK. Noticias de Mar del Plata.

Miriam Alejandra Bianchi tenía que ser maestra jardinera. Y lo era. Esposa y madre de dos hijos, Mariel y Fabricio, repartía sus horas entre su trabajo con los niños y las tareas del hogar. Y tenía una vida «normal». Como se suponía que tenía que ser. Hasta que, un día, decidió romper con todos los mandatos y convertirse en Gilda.

Corría el año 1994. Después de una década de un matrimonio que se venía desgastando desde el preciso momento en el que ella decidió comenzar su carrera artística, Gilda se separó de Raúl Cagnin. Ella se quedó en el departamento de Villa Devoto, con los chicos, y su esposo regresó a la casa de sus padres dando por terminado el proyecto de «la familia feliz». Y la culpa, obviamente, era toda de ella. O, por lo menos, así lo veía la «gente de bien» de la época…

Es que, hace más de tres décadas, la sociedad era muy distinta a la actual. Y una muer tenía que tener el corazón muy valiente para plantarse frente a todos y luchar por un sueño. Sobre todo, teniendo encuentra que además de los pruritos de sus parientes, amigos y conocidos, estaba el machismo que imperaba en el mundo de la bailanta al que ella pretendía ingresar.

«Yo siento que la vida se nos va y que el día de hoy no vuelve más», cantaba Gilda en No me arrepiento de este amor, tema incluido en el álbum «Pasito a pasito», el tercero de su carrera y con el que empezó a incomodar al género tropical. Es que, si las mujeres no eran bien vistas en el ámbito de la cumbia, muchos menos ella que venía de una familia de clase media, había estudiado en un colegio católico y no tenía el fisic du rol de las voluptuosas bailanteras de la época.

Definitivamente, Gilda no encajaba. Pero el público encontró algo diferente en esta mujer delgada, de voz dulce y rostro angelical. Y, sin dudarlo, le dio su aprobación. Finalmente, en 1995 y con el álbum «Corazón Valiente», el mismo cuya foto de portada se convirtió en una suerte de «estampita» tras la muerte de la cantante, llegó su consagración.

Pero el machismo seguía. Uno de los temas más exitosos de su último álbum de estudio, resultó Fuiste. El videoclip se grabó en una casona de Palermo. Y, a pesar del éxito que obtuvo, Gilda no se mostró conforme con el resultado que finalmente se vio en pantalla.

«En realidad, no contó lo que yo quería que cuente este video. Porque me mostró como la mala de la película a mí, pero en realidad la canción iba referido a todo lo contrario: al maltrato por parte del otro y al basta de uno. Cuando uno dice: ‘Bueno, hasta acá llego: no puedo estar con alguien que me maltrata, que me martirice, que no me tenga en cuenta, que me haga esclava de sus caprichos y no me respete’. El tema pasaba por ahí. Y el video, en realidad, vendió todo lo contrario. Vendió que yo decía, que yo era la que me enojaba y yo era la que decía basta. Y al otro lo mostraba débil», explicó Gilda en una entrevista en aquel momento.

Por entonces, la cantante ya había formado pareja con su director musical, Toti Giménez, que fue quien la alentó a seguir adelante en su carrera a pesar de los obstáculos. Entre los dos escribían letra y música de las canciones que, muchas veces, hablaban de su propia experiencia. Y la realidad es que, aunque Gilda en ese entonces quizás no sabía qué significaba el feminismo, muchas mujeres se sintieron identificadas con ella por su decisión de romper los moldes y empezaron a seguirla. Pero Gilda sabía que no podía dejar pasar su única oportunidad de ser feliz. Así que luchó. Y lo logró. Lamentablemente, el 7 de septiembre de 1996, cuando tenía apenas 35 años de edad, murió en un accidente de tránsito en la Ruta 12, rumbo a Entre Ríos, adónde iba a hacer una presentación. Ese día se terminó su vida de manera absurda y abrupta. Pero comenzó la leyenda que al día de hoy la mantiene vigente como la mujer que se enfrentó a todos
para convertirse en lo que ella quería ser: una artista eterna.

Fuente: Infobae

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