Salud y Comida

Guía breve de salud mental para el postparto

Querida malamadre,

El postparto es el broche de oro. Es la tercera y última parte de un proceso que comenzó con el embarazo, le siguió el parto y que en la vida de una mujer se considera un período de crisis vital. Una crisis porque se producen grandes cambios: en lo físico y en lo más profundo de nuestra psique. Cuidar de la salud mental en estos momentos es especialmente importante ya que ha llegado el momento tan esperado de conocer, acoger y cuidar a nuestro bebé.

Junto a la ilusión y la emoción desbordante es normal que aparezcan los miedos, fantasías y sentimientos ambivalentes que nos hablan de quiénes somos y cómo nos relacionamos con nuestro entorno: nuestras relaciones sociales, nuestros padres, nuestra pareja…

Recordaremos nuestra infancia y buscaremos allí recursos e ideas para afrontar todos los retos que se nos presentan. La información que rescatemos podría sernos de utilidad pero a veces también nos produce tristeza y decepción por no encontrar allí lo esperado.

¿Por qué lo llamamos cambios cuando en realidad es un tsunami?

Los cambios en el cuerpo y en nuestra psique son tan complejos que se produce una fragilidad especial, a todos los niveles, que nos hace especialmente vulnerables a nivel emocional. Tenemos el terreno abonado para que queden grabadas ciertas imágenes del momento del parto, frases o comentarios del personal que nos atendió, o actitudes y gestos de tu pareja o de los suegros que querían ayudar. Y para que comportamientos y gestos de nuestro entorno cercano (pareja, familia) agudicen o calmen nuestros deseos y temores.

Debido a esto podemos entender también que se produzcan alteraciones emocionales en mujeres “sanas y equilibradas” psíquicamente.

Así que mientras nuestro bebé nos demanda cuidados, miradas y atenciones el postparto es el tiempo en el que nos toca realizar una serie de ajustes fuera y dentro de nosotras mismas para esta gran adaptación que significa la maternidad.

Guía breve de salud mental para el postparto

1. El encuentro con la realidad

Atrás quedó el parto imaginado, el escenario perfecto y el bebé soñado. Ese bebé donde se volcaron los deseos, proyectos e ilusiones no es quien tienes delante. Toma un tiempo conocer y descubrir quién es este hijo, el real. Y sí, a veces produce desconcierto y desilusión encontrar que es “llorón” cuando imaginé que no sería “caprichoso”.

2. Los hombres también se agobian y se desbordan

No han pasado por un embarazo y por un parto. Y quizás no lo expresen de la misma manera pero los hombres también se encuentran desubicados en su nuevo papel. La responsabilidad de tener a cargo un hijo, una pareja que necesita cuidados, el nuevo ritmo… también aparecen miedos e inseguridades y la idea que subyace sobre “estar a la altura”. Hablar y compartir estas inquietudes y las nuevas necesidades puede ayudar a disminuir las tensiones.

3. No eres perfecta

Convertirse en madre y padre no significa tener que saber de todo, ser previsor, organizado y perfecto. Los niños necesitan unos padres que puedan responder de manera adecuada: que puedan errar y, en el mejor de los casos, acertar. No habrá otra madre igual que tú así que evita las comparaciones y, poco a poco, construye un modelo que sea válido para ti.

4. Acepta tus límites: pide ayuda

No tienes por qué encargarte de todo “porque mi madre lo hacía”. Seguramente no era así o al menos no del todo (algo se le quedaría por el camino). No tengas miedo a pedir y no des por hecho que los demás “se tienen que dar cuenta”. Acepta apoyarte en tu pareja, familia, entorno cercano incluso para cosas que sientes que “no es para tanto” o “son tu obligación”. Permítete descansar y dormir “a pierna suelta” aunque sólo sean 10 minutos.

5. No eres la única

Habla, pregunta y comparte con otras mamás de tu alrededor. Descubrirás que muchos ingredientes de este cocktail no son tan exóticos: cansancio extremo, confusión, agobio, inseguridad, culpa… creer que te estás volviendo loca. Poder pasar este tiempo junto a otras madres en la misma situación ayuda a calmar la ansiedad y a aliviar temores.

6. No es sólo cuidar

Dormirlo, cambiar pañales, darle de comer, bañarlo… ese bucle sin fin que parece que nunca termina y que te hace sentir “para lo que hemos quedado” tiene un gran valor para la relación con tu hijo. No se trata sólo de los cuidados básicos: también son necesarias las miradas, las sonrisas, los brazos… En este contacto irás descubriendo y adivinando qué necesita en cada momento. Y tu hijo verá en tu mirada que cuenta y que tiene un lugar en ti.

7. Acepta la retirada

La retirada o la renuncia: las actividades, los ritmos, la familia, tu pareja han cambiado… Hacer “como si nada hubiera pasado” es un gran esfuerzo que sólo produce estrés, agotamiento y frustración por no poder ser la misma de antes. Eres otra persona y con otras circunstancias, date el tiempo para pensar y descubrir quién.

8. Mente sana en cuerpo sano

Realizar algo de ejercicio, aunque sea leve y de a poco, ayuda a oxigenarnos y a sentirnos mejor.

9. Sal al mundo también sin tu bebé

También llamado Malamadrear. Al principio quizás sientas que se te ha olvidado algo. Y quizás escuches a menudo “he tenido hijos para estar con ellos”. No se trata de un abandono de la casa. Sino de escuchar tus propias necesidades también. De retomar esa individualidad que se esfuma con rapidez al estar todo el día en contacto con un bebé.

10. Asume nuevas responsabilidades. Sin culpa

Es todo un desafío encontrarse con un nuevo ser que te necesita y a la vez incorporar las demandas del entorno (el trabajo, el cuidado del cuerpo, de la pareja, la vida social, otros hermanitos…). Asume esta nueva responsabilidad teniendo muy presente que haces lo que puedes.

11. Busca ayuda profesional

Si te sientes abrumada por la tristeza, la culpa, el miedo no te deja decidir y no llegas a disfrutar de tu maternidad busca un profesional a quien preguntar. Un psicólogo es la persona encargada de llevar este tipo de tratamientos. A veces es necesaria la ayuda de fármacos y en caso de ingreso hospitalario ya se está incorporando la opción de un ingreso junto con el bebé (en algunas ciudades). El objetivo es que la mamá se sienta mejor en esta nueva situación y esto ayude a establecer una mejor relación con su bebé.

En caso de intervenciones no previstas, bebés prematuros, con alteraciones genéticas o atenciones médicas especiales o que el bebé nazca muerto se indica especialmente buscar ayuda de un profesional.

Esto es sólo una breve “guía” con algunas ideas, generales sobre aspectos que suelen darse, pero no existe una receta mágica para evitarlo ni un único camino para poder llevarlo mejor.

Así como el embarazo y el parto, el postparto también pasa. Es el comienzo de un camino, con muchas curvas, repleto de las maravillas que supone ir conociendo un hijo pero, sobre todo, de descubrimiento de ti misma. Porque, como cada historia personal, así es la maternidad: única y diferente.

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