Ciudades del futuro

Inteligencia artificial y sus repercusiones espirituales

Si las tecnologías son capaces de simular la interacción humana hasta el punto de que haya monjes robot, ¿qué diferenciará a las máquinas de los seres humanos? ¿Celebrarán misa los robots en el futuro?

A lo largo de la historia de la humanidad ha habido muchas revoluciones tecnológicas que han cambiado el comportamiento y el modo de vida de las personas. Desde el control de incendios hasta el ordenador personal, han sido muchas las transformaciones que ha sufrido la humanidad como consecuencia de las facilidades y el potencial de una nueva tecnología. Actualmente, la inteligencia artificial está demostrando ser una tecnología que está revolucionando la vida cotidiana de las personas y promete transformaciones sociales aún mayores.

La inteligencia artificial es el campo de la informática que estudia y desarrolla sistemas capaces de realizar tareas que normalmente requieren inteligencia humana, como aprender de los datos y tomar decisiones basadas en la información disponible. Pero esta tecnología no es nueva, su desarrollo comenzó en los años 50, su hito fue una famosa partida de ajedrez en 1997 cuando, por primera vez, un ordenador (llamado Deep Blue) venció al campeón del mundo Garry Gasparov, y ahora se está popularizando con Chatgpt, un modelo de lenguaje basado en inteligencia artificial capaz de realizar diversas tareas y habilitado con Procesamiento del Lenguaje Natural (PLN) capaz de permitir una comunicación natural, simulando a otro ser humano.

El uso de la inteligencia artificial ya es habitual, aunque sea de forma inconsciente. Casi todos los usuarios de teléfonos móviles y electrodomésticos han tenido contacto con algún tipo de inteligencia artificial, ya sea en juegos electrónicos o traductores. El uso de inteligencia artificial en hospitales y bufetes de abogados es ya relativamente común, pero el uso de esta tecnología en un templo budista ha llevado el debate a un nivel completamente nuevo.

«Mindar» abre un nuevo debate

En 2019 se instaló en un Templo ubicado en Kioto, Japón, un Monje Robot llamado Mindar, cuya base de datos contiene escrituras sagradas y prácticas espirituales budistas. Es capaz de interactuar con las personas, guiar prácticas de meditación y responder preguntas.

Pero, ¿hasta dónde llegará? Si las tecnologías son capaces de simular la interacción humana hasta el punto de que existan monjes robot, ¿qué diferenciará a las máquinas de los seres humanos? ¿Celebrarán misa los robots en el futuro?

Las inteligencias artificiales pueden detectar microexpresiones faciales y patrones en una conversación, identificar sentimientos y simular empatía, redactar textos y poemas utilizando un lenguaje idéntico al de los humanos, incluso pueden inventar música y diseños artísticos de forma creativa y original. Lenguaje, creatividad y empatía, características intrínsecas y hasta ahora exclusivas del ser humano, son ahora compartidas por las máquinas.

En 1980, un filósofo estadounidense llamado John Searle, observando el desarrollo de la tecnología, se fijó en estas cuestiones y elaboró una teoría que se llama «Teoría del chino en la habitación».

Imaginemos a una persona que no puede hablar ni entender chino dentro de una habitación cerrada. Solo puede comunicarse con el mundo exterior a través de notas bajo la puerta. Las personas que están fuera de la habitación solo hablan en chino y no saben quién está dentro.

Dentro de la habitación, sin embargo, hay un manual que indica qué símbolos (caracteres de la lengua china, como ideogramas y pictogramas) debe dibujar en respuesta a las entradas chinas que recibe. Esta persona no habla con nadie, solo recibe la nota, busca el dibujo en el manual, aunque no sepa lo que dice (por ejemplo, «¿Qué día es hoy?»), y una vez que ha encontrado el dibujo correspondiente, dibuja la respuesta indicada en el manual («Hoy es martes»), y devuelve la nota contestada. A medida que pasa el tiempo y esta interacción se hace más compleja, la gente que está fuera de la habitación tiene la certeza de que la persona que está dentro habla chino con fluidez y lo entiende bien. Pero la persona que está dentro no tiene ni idea de lo que se está comunicando. Se limita a seguir las reglas predeterminadas.

La cuestión central que plantea Searle con esta teoría es la siguiente: por mucho que el hombre pueda generar respuestas y comunicarse con chinos siguiendo las reglas del manual, ¿entiende y se da cuenta de lo que se le comunica? Lo mismo ocurre con las inteligencias artificiales. Aunque son expertas en simular comportamientos, conocimientos y pensamientos humanos, carecen de conciencia. Las inteligencias artificiales pueden simular (como hace en parte un simio) la empatía, el lenguaje y la creatividad, pero nunca tendrán alma espiritual, que es la base de la conciencia humana.

Alma espiritual, base de la conciencia humana

El alma humana es la parte esencial e inmortal de la naturaleza del hombre y de la mujer. Fuente de vida e individualidad, el alma es el fundamento de la conciencia y de ella surgen las capacidades de pensamiento, razonamiento y libre albedrío. La conciencia es la voz interior que guía las opciones morales del ser humano.

Por mucho que las máquinas sean capaces de almacenar todas las escrituras sagradas, todos los sermones, textos y libros escritos por hagiógrafos bíblicos, santos y doctores de la Iglesia, y por mucho que las inteligencias artificiales puedan explicar y responder a diversas preguntas basándose en toda esta vasta literatura, carecen de conciencia, y es a través de esta conciencia que las personas están llamadas a actuar de acuerdo con su fe y sus principios espirituales.

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