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La conquista del universo: la escalera orbital que la humanidad sube peldaño a peldaño. Oportunidades para México (Versiones en español e ingles)

Francisco C. De La Torre

Tiempo de lectura 15 minutos

Reportaje especial — 16 de julio de 2026 — Wenchang, China / Hawthorne, California

 CDMX Julio 16 del 2026-En la madrugada del 10 de julio, un cilindro de acero de 63 metros descendió en posición vertical sobre el Mar de China Meridional y quedó suspendido, casi con delicadeza, en una red de cables tendida sobre una plataforma flotante. Era la primera etapa del cohete Long March 10B, y con esa maniobra China se convirtió en el segundo país del mundo capaz de recuperar y reutilizar un cohete orbital, un club que hasta hace meses ocupaba en solitario SpaceX.

El episodio, discutido a fondo esta semana en el podcast Moonshots de Peter Diamandis —donde el inversionista Dave Blundin y el científico Alexander Wissner-Gross lo describieron como el momento en que “China alcanza a Elon”—, no es una anécdota de ingeniería. Es la confirmación de una tesis que los futuristas del programa vienen sosteniendo hace años: la expansión de la humanidad hacia el cosmos no ocurrirá de un salto, sino como una escalera. Cada peldaño es un nivel orbital. Y quien domina un peldaño obtiene la plataforma económica, industrial y militar para conquistar el siguiente.

Esta es la lógica de esa escalera, peldaño por peldaño.

Peldaño cero: el costo de subir

Todo empieza con una cifra brutal: el costo por kilogramo puesto en órbita. Durante la era del transbordador espacial, superaba los 50,000 dólares. El Falcon 9 de SpaceX lo redujo a menos de 3,000, y lo hizo con una sola idea: no tirar el cohete después de usarlo. La empresa de Musk ha aterrizado propulsores orbitales más de 600 veces desde 2015, y su cohete insignia ya acumula reutilizaciones récord de un mismo propulsor: el mismo tubo de metal volando 36 veces.

Por eso la recuperación del Long March 10B importa tanto. Como se comentó en Moonshots, la reutilización no es un truco: es la llave que abre la puerta de todos los demás niveles. Blue Origin la logró con su New Glenn en noviembre de 2025; la startup china LandSpace intentará en agosto el primer aterrizaje propulsivo en tierra firme del país con su Zhuque-3, un cohete de metano que evoca deliberadamente al Falcon 9. La carrera ya no es por llegar al espacio. Es por llegar barato, seguido y de regreso.

Peldaño uno: la órbita baja (LEO), la nueva economía de los 500 kilómetros

Entre los 160 y los 2,000 kilómetros de altura se libra hoy la batalla económica más intensa de la era espacial. La órbita terrestre baja dejó de ser un laboratorio para convertirse en infraestructura: Starlink superó este año los 10,000 satélites activos, dando internet a millones de personas y probando su valor estratégico en conflictos como el de Ucrania, al punto de que, según reportes periodísticos recientes, China y Rusia cooperan en métodos para degradarlo.

El siguiente inquilino de LEO ya está tocando la puerta: los centros de datos orbitales. En el intercambio público más comentado de la semana, Sam Altman acusó a Musk de vender a inversionistas centros de datos espaciales de corto plazo; Musk respondió que empiezan a volar el próximo año. Detrás del pleito hay una idea seria que el propio panel de Moonshots ha explorado con el CEO de Starcloud: en órbita, la energía solar es constante y el enfriamiento radiativo es gratis. Si el costo de lanzamiento sigue cayendo, el cómputo —el recurso más escaso de la era de la inteligencia artificial— podría mudarse al cielo.

La lección estratégica del peldaño uno: LEO es donde se aprende a fabricar, operar y reemplazar hardware espacial a escala industrial. Es el astillero de todo lo que viene después.

Peldaño dos: órbitas medias y geoestacionaria, el sistema nervioso del planeta

Más arriba, entre los 2,000 y los 36,000 kilómetros, están los peldaños silenciosos. En la órbita media (MEO) viven las constelaciones de navegación —el GPS estadounidense, el BeiDou chino, el Galileo europeo— que sincronizan desde los mercados financieros hasta los tractores. En la geoestacionaria (GEO), a 35,786 kilómetros, los satélites parecen clavados sobre un punto fijo del planeta: telecomunicaciones, meteorología, alerta temprana militar.

Estos niveles ya están conquistados, pero la reutilización los está transformando: lo que antes exigía satélites de mil millones de dólares diseñados para durar 20 años sin mantenimiento, ahora puede resolverse con enjambres baratos y reemplazables, o con vehículos de servicio que reabastecen y reparan en órbita. La conquista aquí no es llegar: es hacer que el nivel sea mantenible, defendible y comercialmente denso.

Peldaño tres: el espacio cislunar y la Luna, la primera colonia industrial

A 384,000 kilómetros, la Luna dejó de ser un trofeo simbólico. Estados Unidos apunta a un regreso tripulado hacia 2028 con el programa Artemis; China fijó 2030 para poner a sus taikonautas en la superficie, y el Long March 10B recién recuperado es, precisamente, un derivado comercial del cohete lunar Long March 10. Hasta empresas privadas japonesas ya reservan carga en misiones de Starship rumbo a la Luna.

¿Por qué la Luna y no directo a Marte? Por la logística: el polo sur lunar tiene hielo de agua, y el agua se descompone en hidrógeno y oxígeno, es decir, en combustible. Una gasolinera a un sexto de la gravedad terrestre, sin atmósfera que frene los despegues, convierte al espacio cislunar en el patio de maniobras de todo el sistema solar. Quien controle ese punto de reabastecimiento controla los precios del siguiente peldaño.

Peldaño cuatro: los asteroides, la fiebre del oro sin planeta

En el segmento de Moonshots dedicado a la minería de asteroides, Diamandis —autor del argumento desde su libro Abundance— repitió su tesis de décadas: los primeros billonarios del espacio se harán extrayendo recursos de asteroides. Un solo asteroide metálico puede contener más platino del que se ha minado en la historia humana; los asteroides carbonáceos, en cambio, ofrecen algo más valioso en el espacio que el platino en la Tierra: agua para combustible.

Y esto ya no es ciencia ficción de pizarrón. La sonda china Tianwen-2 llegó este mes a 20 kilómetros del asteroide Kamo’oalewa tras recorrer mil millones de kilómetros, en una misión de retorno de muestras. La secuencia lógica es clara: primero prospección robótica, luego extracción de agua para las gasolineras cislunares, y por último metales para construir en el espacio sin pagar el peaje de la gravedad terrestre.

Peldaño cinco: Marte y más allá, el destino que justifica la escalera

En el bloque sobre la visión espacial de Musk y el valor de mercado de SpaceX —la empresa debutó en bolsa en junio con una valuación cercana a los 2.5 billones de dólares, la mayor oferta pública de la historia—, el panel de Moonshots subrayó algo contraintuitivo: Marte no es el negocio. Marte es la razón. El negocio son todos los peldaños anteriores: Starlink, el lanzamiento, el cómputo orbital, eventualmente la Luna y los asteroides. Cada nivel financia el siguiente, y la meta declarada de hacer a la humanidad multiplanetaria funciona como la estrella polar que disciplina toda la arquitectura.

Starship, el vehículo diseñado para ese salto final, sigue en pruebas con resultados mixtos: su vuelo más reciente logró el amarizaje controlado de la nave superior pero perdió el propulsor. Aun así, la dirección es inequívoca: un sistema totalmente reutilizable, capaz de reabastecerse en órbita, es el único camino conocido para mover las cientos de toneladas que exige una presencia permanente en otro planeta.

Los jugadores: naciones y magnates en la misma escalera

La escalera orbital no la sube una abstracción llamada “la humanidad”. La suben actores concretos, y en 2026 el tablero tiene dos tipos de piezas: los Estados y los emprendedores. Lo novedoso de esta era es que, por primera vez, algunos individuos compiten de tú a tú con superpotencias.

Elon Musk (SpaceX / Estados Unidos). El jugador dominante en casi todos los peldaños: más de 600 aterrizajes de propulsores, la constelación Starlink con más de 10,000 satélites, capacidad tripulada probada, y Starship en desarrollo como vehículo marciano. Tras su salida a bolsa en junio con una valuación cercana a los 2.5 billones de dólares —y la absorción de xAI para convertirse en SpaceX AI—, Musk controla el único conglomerado que integra lanzamiento, telecomunicaciones, cómputo e inteligencia artificial en una sola pila vertical. Su debilidad: la concentración extrema en una persona y la dependencia de que Starship madure.

China (CASC, LandSpace, iSpace y una constelación de startups). El único ecosistema que replica el modelo estadounidense completo: empresas estatales gigantes (el Long March 10B que acaba de ser atrapado en la red es obra de CASC) más un sector comercial abierto desde 2015, con LandSpace a punto de intentar el primer aterrizaje propulsivo en tierra del país y más de diez pruebas de cohetes reutilizables planeadas este año. China combina paciencia estatal, escala manufacturera y una meta lunar explícita para 2030. Su debilidad: la cadencia —igualar el ritmo de lanzamiento de SpaceX tomará años— y el aislamiento de los mercados occidentales.

Jeff Bezos (Blue Origin / Estados Unidos). El jugador de largo aliento. Su New Glenn logró recuperar el propulsor en noviembre de 2025, convirtiéndolo en el segundo actor privado con reutilización orbital, y su visión —millones de personas viviendo y trabajando en el espacio, con la industria pesada mudándose fuera de la Tierra— es la más explícitamente industrial de todas. Bezos tiene el capital personal más profundo del tablero y contratos lunares con la NASA (el módulo Blue Moon). Su debilidad histórica: la lentitud; New Glenn llegó casi una década después que el Falcon 9.

Eric Schmidt (Relativity Space / Estados Unidos). El recién llegado más interesante. El ex-CEO de Google tomó el control de Relativity en marzo de 2025 y la reorientó hacia dos apuestas: el cohete reutilizable Terran R —con un backlog de contratos de 2,900 millones de dólares y debut previsto para fines de 2026— y los centros de datos orbitales para cargas de IA. En junio, la NASA lo seleccionó para construir y volar el orbitador marciano Aeolus en 2028, lo que podría convertir a Relativity en la primera misión privada en llegar a Marte, adelantándose irónicamente al propio Musk. Schmidt encarna la fusión de las dos carreras —la de la IA y la del espacio— en una sola. Su debilidad: Relativity nunca ha llegado a órbita.

Los demás. Rocket Lab (Peter Beck) domina el nicho de lanzamiento pequeño y prepara su cohete mediano Neutron; India (ISRO) es el jugador de mejor relación costo-resultado, con alunizaje probado y ambiciones tripuladas; Europa (ESA/Arianespace) conserva excelencia científica pero perdió la carrera comercial al apostar tarde por la reutilización; Rusia, pionera histórica, vive de la inercia de su tecnología soviética; y Japón aporta precisión científica y empresas emergentes que ya reservan carga rumbo a la Luna.

¿Quién tiene el mejor ecosistema? Una evaluación

Un ecosistema espacial ganador requiere cinco ingredientes: acceso barato al espacio, capital paciente, talento e industria, demanda propia (gobierno y mercado) y un marco regulatorio ágil. Así se ven los jugadores bajo esa lupa:

Evaluación de ecosistemas (2026)
Jugador / Ecosistema Acceso al espacio (reutilización) Capital Talento e industria Demanda propia Regulación / velocidad Evaluación global
EE.UU. — SpaceX (Musk) ★★★★★ Dominante ★★★★★ OPI récord ★★★★★ ★★★★★ Starlink + NASA + Pentágono ★★★★☆ Líder indiscutible (9.5/10)
China (Estado + comercial) ★★★★☆ Recién probada ★★★★★ Estatal ilimitado ★★★★★ Escala manufacturera ★★★★★ Megaconstelaciones + Luna 2030 ★★★★★ Sin fricción interna Retador en ascenso (8.5/10)
EE.UU. — Blue Origin (Bezos) ★★★★☆ New Glenn ★★★★★ Fortuna personal ★★★★☆ ★★★☆☆ Contratos NASA ★★★★☆ Potencia dormida (7.5/10)
EE.UU. — Relativity (Schmidt) ★★☆☆☆ Aún sin órbita ★★★★☆ Schmidt + backlog $2.9B ★★★★☆ IA + manufactura ★★★☆☆ NASA Marte + datos orbitales ★★★★☆ Apuesta asimétrica (6.5/10)
India (ISRO + privados) ★★☆☆☆ ★★☆☆☆ ★★★★☆ Costo imbatible ★★★☆☆ ★★★☆☆ Caballo negro (6/10)
Europa (ESA) ★★☆☆☆ Sin reutilización ★★★☆☆ ★★★★☆ Ciencia de élite ★★☆☆☆ ★★☆☆☆ Fragmentada Rezagada (5/10)

La conclusión del panel de Moonshots apunta en la misma dirección: hoy el mejor ecosistema es el estadounidense encabezado por SpaceX, porque cierra el círculo completo —lanza barato, genera su propia demanda con Starlink, y ahora financia todo con mercados públicos—. Pero el ecosistema con la pendiente de mejora más pronunciada es el chino: en una sola semana pasó de no tener reutilización a lograrla a la primera, algo que ni SpaceX consiguió en su debut.

Cómo medir la carrera: el tablero de métricas para la próxima década

Si esta carrera es una escalera, necesita un marcador. Estas son las métricas claras —medibles año con año— para saber quién avanza y quién se estanca:

Las diez métricas de la carrera orbital
# Métrica Definición Por qué importa Líder hoy (2026) Umbral que cambiaría el juego
1 Costo por kg a LEO Dólares por kilogramo puesto en órbita baja Es la métrica madre: todo lo demás depende de ella SpaceX (~$2,000–3,000/kg) <$200/kg (Starship operativo)
2 Cadencia de lanzamiento Lanzamientos orbitales exitosos por año Mide madurez industrial, no solo capacidad técnica SpaceX (>140/año) Un rival superando 50/año
3 Tasa de reutilización % de misiones con propulsor recuperado y vuelos promedio por propulsor Distingue programas de demostración de economías reales SpaceX (récord: 36 vuelos de un mismo propulsor) China o Blue Origin re-volando un propulsor >10 veces
4 Masa anual a órbita Toneladas totales colocadas en órbita por año, por país/empresa El PIB de la economía orbital EE.UU. (dominado por SpaceX) China superando el 30% del total mundial
5 Satélites operativos propios Naves activas bajo control del actor Mide la ocupación efectiva del peldaño LEO Starlink (>10,000) Constelación china >5,000
6 Cómputo en órbita Capacidad de procesamiento (MW/petaflops) operando en el espacio La métrica nueva de 2026: fusiona la carrera de IA con la espacial En disputa (Starcloud, SpaceX, Relativity) Primer centro de datos orbital comercial >1 MW
7 Capacidad tripulada Astronautas lanzados por año y destinos alcanzables Sin humanos no hay colonización, solo infraestructura EE.UU. y China (empate técnico) Primer alunizaje tripulado (Artemis ~2028 vs. China 2030)
8 Presencia más allá de LEO Misiones activas en espacio cislunar, asteroides y Marte Mide quién ya sube los peldaños 3, 4 y 5 China (Tianwen-2 en Kamo’oalewa) y EE.UU. Primera extracción de recursos in situ (agua lunar o asteroidal)
9 Capital desplegado Inversión anual pública + privada en el ecosistema El combustible financiero de la escalera EE.UU. (OPI de SpaceX + venture) Presupuesto espacial chino superando al estadounidense
10 Velocidad regulatoria Días promedio entre solicitud y licencia de lanzamiento El cuello de botella invisible de Occidente China (proceso estatal unificado) Licencias en EE.UU. <30 días

La recomendación práctica para cualquier observador —o inversionista— es seguir tres números por encima de todos: el costo por kg (métrica 1), la masa anual a órbita (métrica 4) y el cómputo en órbita (métrica 6). El primero dice quién puede jugar, el segundo quién está jugando, y el tercero hacia dónde se movió el premio. Si para 2030 Starship opera de forma rutinaria, la ventaja estadounidense se vuelve casi inalcanzable; si se retrasa y China sostiene su ritmo actual de progreso, la escalera tendrá por primera vez dos escaladores a la misma altura.

Conclusiones: la oportunidad para México dentro del T-MEC

La carrera espacial descrita en este reportaje suele contarse como un duelo entre Washington y Pekín, pero para México representa algo más concreto: la mayor oportunidad de integración industrial desde la llegada de la industria automotriz. Y el vehículo legal para capturarla ya existe: el T-MEC.

Primera conclusión: México ya tiene el pie en la puerta. El país cuenta con más de 350 empresas aeroespaciales concentradas en los clústeres de Querétaro, Baja California, Chihuahua, Sonora y Nuevo León, con exportaciones del sector que rondan los 10,000 millones de dólares anuales y presencia de gigantes como Safran, Honeywell, Bombardier y GE. Esa base instalada —maquinado de precisión, arneses, fundición especializada, tratamientos térmicos— es exactamente el tipo de proveeduría que la nueva economía espacial demanda a escala: SpaceX, Blue Origin, Rocket Lab y Relativity necesitan fabricar miles de motores, satélites y estructuras al año, no decenas. El T-MEC ofrece acceso libre de aranceles a esa cadena, con la ventaja adicional de que la manufactura espacial estadounidense busca activamente salir de Asia por razones de seguridad nacional. El obstáculo a resolver es regulatorio: las restricciones ITAR de exportación de tecnología de defensa exigen acuerdos bilaterales específicos, y ahí hay una tarea pendiente para la diplomacia económica mexicana.

Segunda conclusión: la órbita baja es también un mercado interno mexicano. Las megaconstelaciones tipo Starlink ya conectan zonas rurales del país donde la fibra nunca llegará, y los datos satelitales de observación terrestre tienen aplicaciones directas en agricultura de precisión, monitoreo de infraestructura, seguridad pública y respuesta a desastres —el mismo argumento de infraestructura pública que aplica a los drones de emergencia y los eVTOL. México puede posicionarse como el gran comprador y procesador latinoamericano de datos espaciales, construyendo la capa de servicios sobre la infraestructura que otros lanzan.

Tercera conclusión: el nearshoring del cómputo. Si el cómputo es el recurso más disputado de la década, y los centros de datos orbitales tardarán años en escalar, la demanda intermedia aterrizará en tierra: centros de datos de inteligencia artificial cerca del mercado estadounidense, con energía y terreno disponibles. México compite por esa inversión contra Texas y Virginia, y el T-MEC le da la certidumbre jurídica de trato nacional. La ecuación pendiente es energética: sin generación eléctrica abundante y confiable, esta oportunidad se va a otro lado.

Cuarta conclusión: el talento como exportación de alto valor. México gradúa más de 110,000 ingenieros al año. La carrera espacial y de IA es, en el fondo, una guerra por talento técnico, y la ventaja de huso horario, cultura laboral compartida y movilidad bajo el T-MEC (visas TN) convierte a los equipos de ingeniería mexicanos en la extensión natural de las empresas espaciales norteamericanas —desde software de vuelo hasta diseño mecánico y simulación.

Dónde crecerá el valor: empresas para seguir de cerca

Nota importante: lo que sigue es información para análisis, no una recomendación de inversión. No constituye asesoría financiera, y cualquier decisión de este tipo merece análisis propio y asesoría profesional. Los mercados pueden comportarse de forma muy distinta a cualquier tesis.

Dicho eso, la lógica de la escalera orbital señala dónde se concentrará el valor, y la lista tiene tres capas:

Capa uno: el cómputo, la palanca de todo. NVIDIA es el caso central: sus GPUs son el insumo universal de la carrera de IA, y si los centros de datos orbitales despegan, serán sus chips (o los de sus rivales) los que vuelen. Su posición se parece a la de quien vendía picos y palas en la fiebre del oro: gana sin importar qué minero triunfe. En la misma capa están TSMC (fabrica los chips de casi todos), AMD y Broadcom. El riesgo compartido: valuaciones ya muy exigentes y la concentración geopolítica de la fabricación en Taiwán.

Capa dos: el acceso al espacio y la infraestructura orbital. SpaceX, ya pública tras su OPI de junio, es la apuesta integrada: lanzamiento, Starlink, cómputo e IA en una sola acción, con la contraparte de una valuación cercana a 2.5 billones de dólares que ya descuenta mucho futuro. Rocket Lab es la alternativa pública más pura en lanzamiento y componentes satelitales. Relativity Space (privada, liderada por Eric Schmidt) y Starcloud (centros de datos orbitales) son accesibles solo mediante fondos de capital privado. En satélites y servicios: AST SpaceMobile (celular directo a satélite), Planet Labs (observación terrestre) e Iridium.

Capa tres: defensa y sistemas espaciales tradicionales. La militarización de la órbita es una tendencia incómoda pero real: L3Harris, Lockheed Martin y Northrop Grumman capturan los presupuestos de alerta temprana, comunicaciones seguras y sensores que la competencia entre potencias garantiza por décadas.

El criterio para evaluar cualquiera de ellas es el mismo tablero de métricas de este reportaje: ¿la empresa reduce el costo por kilogramo, aumenta la masa en órbita, o captura el cómputo? Si la respuesta es sí a cualquiera de las tres, está del lado correcto de la escalera.

La moraleja de la escalera

Si algo dejó claro la semana del 10 de julio de 2026 es que la escalera ya no la sube un solo país ni una sola empresa. La secuencia lógica —reutilización, órbita baja, órbitas altas, espacio cislunar, asteroides, Marte— es la misma para Washington y para Pekín, para SpaceX y para LandSpace. La diferencia estará en la velocidad, en el costo por kilogramo y en quién construye primero las gasolineras del camino.

La conquista del universo, vista así, no se parece a la carrera lunar de los sesenta, un sprint por plantar una bandera. Se parece más a la construcción de los ferrocarriles del siglo XIX: una infraestructura por capas, donde cada estación hace rentable la siguiente. La red que atrapó al Long March 10B sobre el Mar de China Meridional no atrapó solo un cohete. Atrapó el boleto de entrada de una segunda potencia a esa escalera.

Fuentes: episodio #270 del podcast Moonshots con Peter Diamandis (grabado el 11 de julio de 2026); reportes de CNN, Scientific American, TechCrunch, Space.com, NASASpaceflight y Fortune sobre la recuperación del Long March 10B, el estado del programa Starship, la OPI de SpaceX y la misión Tianwen-2. La sección de empresas es informativa y no constituye asesoría de inversión.

Este reporte fue elaborado con el apoyo de  Fable IA

VERSION EN INGLES

The Conquest of the Universe: The Orbital Ladder Humanity Is Climbing Rung by Rung

Reading time 15 minutes

In the early hours of July 10, a 63-meter steel cylinder descended vertically over the South China Sea and came to rest, almost gently, in a web of cables strung across a floating platform. It was the first stage of the Long March 10B rocket, and with that maneuver China became the second country in the world capable of recovering and reusing an orbital rocket — a club that until recently SpaceX occupied alone.

The episode, discussed at length this week on Peter Diamandis’s Moonshots podcast — where investor Dave Blundin and scientist Alexander Wissner-Gross described it as the moment “China catches up to Elon” — is not an engineering anecdote. It confirms a thesis the program’s futurists have argued for years: humanity’s expansion into the cosmos will not happen in a single leap, but as a ladder. Each rung is an orbital level. And whoever dominates one rung gains the economic, industrial and military platform to conquer the next.

This is the logic of that ladder, rung by rung.

Rung Zero: The Cost of Climbing

It all begins with a brutal number: the cost per kilogram placed in orbit. In the Space Shuttle era, it exceeded $50,000. SpaceX’s Falcon 9 cut it to under $3,000, and it did so with a single idea: don’t throw the rocket away after using it. Musk’s company has landed orbital boosters more than 600 times since 2015, and its flagship rocket has set reuse records — the same metal tube flying 36 times.

That is why the recovery of the Long March 10B matters so much. As discussed on Moonshots, reusability is not a trick: it is the key that opens the door to every other level. Blue Origin achieved it with New Glenn in November 2025; Chinese startup LandSpace will attempt the country’s first propulsive land landing in August with its Zhuque-3, a methane rocket that deliberately evokes the Falcon 9. The race is no longer about reaching space. It is about getting there cheaply, frequently, and back.

Rung One: Low Earth Orbit — The New Economy at 500 Kilometers

Between 160 and 2,000 kilometers of altitude, the most intense economic battle of the space age is being fought today. Low Earth orbit has stopped being a laboratory and become infrastructure: Starlink surpassed 10,000 active satellites this year, delivering internet to millions and proving its strategic value in conflicts such as Ukraine — to the point that, according to recent investigative reporting, China and Russia are cooperating on ways to degrade it.

The next tenant of LEO is already knocking: orbital data centers. In the most talked-about public exchange of the week, Sam Altman accused Musk of selling investors “short-term space data centers”; Musk replied that they start flying next year. Behind the feud lies a serious idea the Moonshots panel has explored with the CEO of Starcloud: in orbit, solar power is constant and radiative cooling is free. If launch costs keep falling, compute — the scarcest resource of the AI era — could move to the sky.

The strategic lesson of rung one: LEO is where you learn to manufacture, operate and replace space hardware at industrial scale. It is the shipyard for everything that comes after.

Rung Two: Medium and Geostationary Orbits — The Planet’s Nervous System

Higher up, between 2,000 and 36,000 kilometers, lie the quiet rungs. Medium Earth orbit hosts the navigation constellations — America’s GPS, China’s BeiDou, Europe’s Galileo — that synchronize everything from financial markets to tractors. In geostationary orbit, at 35,786 kilometers, satellites appear fixed above a single point on the planet: telecommunications, meteorology, military early warning.

These levels are already conquered, but reusability is transforming them: what once required billion-dollar satellites designed to last 20 years without maintenance can now be solved with cheap, replaceable swarms, or with servicing vehicles that refuel and repair in orbit. Conquest here is not about arriving — it is about making the level maintainable, defensible and commercially dense.

Rung Three: Cislunar Space and the Moon — The First Industrial Colony

At 384,000 kilometers, the Moon has stopped being a symbolic trophy. The United States aims for a crewed return around 2028 with the Artemis program; China has set 2030 to put its taikonauts on the surface — and the just-recovered Long March 10B is, precisely, a commercial derivative of the Long March 10 lunar rocket. Even private Japanese companies are already booking cargo on Starship missions to the Moon.

Why the Moon and not straight to Mars? Logistics: the lunar south pole holds water ice, and water splits into hydrogen and oxygen — that is, into fuel. A gas station at one-sixth of Earth’s gravity, with no atmosphere to slow departures, turns cislunar space into the staging yard of the entire solar system. Whoever controls that refueling point controls the prices of the next rung.

Rung Four: Asteroids — The Gold Rush Without a Planet

In the Moonshots segment on asteroid mining, Diamandis — who has argued the case since his book Abundance — repeated his decades-old thesis: the first trillionaires of space will be made extracting resources from asteroids. A single metallic asteroid can contain more platinum than has been mined in all of human history; carbonaceous asteroids, meanwhile, offer something more valuable in space than platinum is on Earth: water for fuel.

And this is no longer blackboard science fiction. China’s Tianwen-2 probe arrived this month within 20 kilometers of the asteroid Kamo’oalewa after traveling a billion kilometers, on a sample-return mission. The logical sequence is clear: robotic prospecting first, then water extraction for the cislunar gas stations, and finally metals to build in space without paying Earth’s gravity toll.

Rung Five: Mars and Beyond — The Destination That Justifies the Ladder

In the segment on Musk’s space vision and SpaceX’s market value — the company went public in June at a valuation near $2.5 trillion, the largest IPO in history — the Moonshots panel underscored something counterintuitive: Mars is not the business. Mars is the reason. The business is every previous rung: Starlink, launch, orbital compute, eventually the Moon and asteroids. Each level finances the next, and the declared goal of making humanity multiplanetary works as the north star that disciplines the entire architecture.

Starship, the vehicle designed for that final leap, remains in testing with mixed results: its most recent flight achieved a controlled splashdown of the upper stage but lost the booster. Even so, the direction is unmistakable: a fully reusable system, capable of refueling in orbit, is the only known path to move the hundreds of tons a permanent presence on another planet demands.

The Players: Nations and Magnates on the Same Ladder

The orbital ladder is not being climbed by an abstraction called “humanity.” It is climbed by concrete actors, and in 2026 the board has two kinds of pieces: states and entrepreneurs. What is new about this era is that, for the first time, some individuals compete head-to-head with superpowers.

Elon Musk (SpaceX / United States). The dominant player on nearly every rung: more than 600 booster landings, the Starlink constellation with over 10,000 satellites, proven crewed capability, and Starship in development as the Mars vehicle. After its June IPO at a valuation near $2.5 trillion — and the absorption of xAI to become SpaceX AI — Musk controls the only conglomerate that integrates launch, telecommunications, compute and artificial intelligence in a single vertical stack. His weakness: extreme concentration in one person, and dependence on Starship maturing.

China (CASC, LandSpace, iSpace and a constellation of startups). The only ecosystem that replicates the full American model: giant state enterprises (the Long March 10B just caught in the net is CASC’s work) plus a commercial sector open since 2015, with LandSpace about to attempt the country’s first propulsive land landing and more than ten reusable-rocket tests planned this year. China combines state patience, manufacturing scale and an explicit 2030 lunar goal. Its weakness: cadence — matching SpaceX’s launch rhythm will take years — and isolation from Western markets.

Jeff Bezos (Blue Origin / United States). The long-game player. His New Glenn recovered its booster in November 2025, making him the second private actor with orbital reusability, and his vision — millions of people living and working in space, with heavy industry moving off Earth — is the most explicitly industrial of all. Bezos has the deepest personal capital on the board and lunar contracts with NASA (the Blue Moon lander). His historical weakness: slowness; New Glenn arrived nearly a decade after the Falcon 9.

Eric Schmidt (Relativity Space / United States). The most interesting newcomer. The former Google CEO took control of Relativity in March 2025 and reoriented it toward two bets: the reusable Terran R rocket — with a $2.9 billion contract backlog and a debut planned for late 2026 — and orbital data centers for AI workloads. In June, NASA selected the company to build and fly the Aeolus Mars orbiter in 2028, which could make Relativity the first private mission to reach Mars — ironically beating Musk himself. Schmidt embodies the fusion of the two races — AI and space — into one. His weakness: Relativity has never reached orbit.

The rest. Rocket Lab (Peter Beck) dominates the small-launch niche and is preparing its medium Neutron rocket; India (ISRO) is the best cost-to-result player, with a proven Moon landing and crewed ambitions; Europe (ESA/Arianespace) retains scientific excellence but lost the commercial race by betting late on reusability; Russia, the historic pioneer, lives off the inertia of its Soviet technology; and Japan contributes scientific precision and emerging companies already booking cargo to the Moon.

Who Has the Best Ecosystem? An Evaluation

A winning space ecosystem requires five ingredients: cheap access to space, patient capital, talent and industry, captive demand (government and market), and an agile regulatory framework. Here is how the players look under that lens:

Ecosystem evaluation (2026)
Player / Ecosystem Access to space (reusability) Capital Talent & industry Captive demand Regulation / speed Overall
U.S. — SpaceX (Musk) ★★★★★ Dominant ★★★★★ Record IPO ★★★★★ ★★★★★ Starlink + NASA + Pentagon ★★★★☆ Undisputed leader (9.5/10)
China (state + commercial) ★★★★☆ Just proven ★★★★★ State-backed ★★★★★ Manufacturing scale ★★★★★ Megaconstellations + Moon 2030 ★★★★★ No internal friction Rising challenger (8.5/10)
U.S. — Blue Origin (Bezos) ★★★★☆ New Glenn ★★★★★ Personal fortune ★★★★☆ ★★★☆☆ NASA contracts ★★★★☆ Sleeping power (7.5/10)
U.S. — Relativity (Schmidt) ★★☆☆☆ Not yet orbital ★★★★☆ Schmidt + $2.9B backlog ★★★★☆ AI + manufacturing ★★★☆☆ NASA Mars + orbital data ★★★★☆ Asymmetric bet (6.5/10)
India (ISRO + private) ★★☆☆☆ ★★☆☆☆ ★★★★☆ Unbeatable cost ★★★☆☆ ★★★☆☆ Dark horse (6/10)
Europe (ESA) ★★☆☆☆ No reusability ★★★☆☆ ★★★★☆ Elite science ★★☆☆☆ ★★☆☆☆ Fragmented Falling behind (5/10)

The Moonshots panel’s conclusion points the same way: today the best ecosystem is the American one led by SpaceX, because it closes the full circle — it launches cheap, generates its own demand with Starlink, and now finances everything through public markets. But the ecosystem with the steepest improvement curve is China’s: in a single week it went from having no reusability to achieving it on the first try — something not even SpaceX managed on its debut.

How to Measure the Race: The Metrics Dashboard for the Next Decade

If this race is a ladder, it needs a scoreboard. These are the clear, annually measurable metrics to know who is advancing and who is stalling:

The ten metrics of the orbital race
# Metric Definition Why it matters Leader today (2026) Game-changing threshold
1 Cost per kg to LEO Dollars per kilogram placed in low Earth orbit The mother metric: everything else depends on it SpaceX (~$2,000–3,000/kg) <$200/kg (operational Starship)
2 Launch cadence Successful orbital launches per year Measures industrial maturity, not just technical capability SpaceX (>140/year) A rival exceeding 50/year
3 Reuse rate % of missions with recovered booster; average flights per booster Separates demo programs from real economies SpaceX (record: 36 flights of one booster) China or Blue Origin reflying a booster >10 times
4 Annual mass to orbit Total tons placed in orbit per year, by country/company The GDP of the orbital economy U.S. (dominated by SpaceX) China exceeding 30% of the world total
5 Operational satellites Active spacecraft under the actor’s control Measures effective occupation of the LEO rung Starlink (>10,000) A Chinese constellation >5,000
6 Compute in orbit Processing capacity (MW/petaflops) operating in space The new metric of 2026: it fuses the AI race with the space race Contested (Starcloud, SpaceX, Relativity) First commercial orbital data center >1 MW
7 Crewed capability Astronauts launched per year and reachable destinations Without humans there is no colonization, only infrastructure U.S. and China (technical tie) First crewed Moon landing (Artemis ~2028 vs. China 2030)
8 Presence beyond LEO Active missions in cislunar space, asteroids and Mars Measures who is already climbing rungs 3, 4 and 5 China (Tianwen-2 at Kamo’oalewa) and U.S. First in-situ resource extraction (lunar or asteroidal water)
9 Capital deployed Annual public + private investment in the ecosystem The financial fuel of the ladder U.S. (SpaceX IPO + venture) Chinese space budget surpassing the American one
10 Regulatory speed Average days between application and launch license The invisible bottleneck of the West China (unified state process) U.S. licenses in <30 days

The practical recommendation for any observer — or investor — is to follow three numbers above all others: cost per kg (metric 1), annual mass to orbit (metric 4) and compute in orbit (metric 6). The first says who can play, the second who is playing, and the third where the prize has moved. If Starship operates routinely by 2030, the American lead becomes nearly unassailable; if it slips and China sustains its current pace, the ladder will for the first time have two climbers at the same height.

Conclusions: The Opportunity for Mexico Under the USMCA

The space race described in this report is usually told as a duel between Washington and Beijing, but for Mexico it represents something more concrete: the greatest industrial-integration opportunity since the arrival of the automotive industry. And the legal vehicle to capture it already exists: the USMCA.

First conclusion: Mexico already has a foot in the door. The country hosts more than 350 aerospace companies concentrated in the clusters of Querétaro, Baja California, Chihuahua, Sonora and Nuevo León, with sector exports of roughly $10 billion a year and the presence of giants like Safran, Honeywell, Bombardier and GE. That installed base — precision machining, wire harnesses, specialized casting, heat treatment — is exactly the kind of supply chain the new space economy demands at scale: SpaceX, Blue Origin, Rocket Lab and Relativity need to build thousands of engines, satellites and structures per year, not dozens. The USMCA offers tariff-free access to that chain, with the added advantage that American space manufacturing is actively seeking to leave Asia for national-security reasons. The obstacle to solve is regulatory: ITAR defense-technology export restrictions require specific bilateral agreements — a pending task for Mexican economic diplomacy.

Second conclusion: low Earth orbit is also a Mexican domestic market. Starlink-type megaconstellations already connect rural areas of the country where fiber will never arrive, and Earth-observation satellite data has direct applications in precision agriculture, infrastructure monitoring, public safety and disaster response — the same public-infrastructure argument that applies to emergency drones and eVTOLs. Mexico can position itself as Latin America’s great buyer and processor of space data, building the services layer on top of the infrastructure others launch.

Third conclusion: the nearshoring of compute. If compute is the most contested resource of the decade, and orbital data centers will take years to scale, the intermediate demand will land on the ground: AI data centers close to the American market, with available energy and land. Mexico competes for that investment against Texas and Virginia, and the USMCA gives it the legal certainty of national treatment. The pending equation is energy: without abundant, reliable power generation, this opportunity goes elsewhere.

Fourth conclusion: talent as a high-value export. Mexico graduates more than 110,000 engineers a year. The space and AI race is, at bottom, a war for technical talent, and the advantages of time zone, shared work culture and mobility under the USMCA (TN visas) make Mexican engineering teams the natural extension of North American space companies — from flight software to mechanical design and simulation.

Where Value Will Grow: Companies to Watch

Important note: what follows is information for analysis, not an investment recommendation. This is not financial advice, and any decision of this kind deserves your own analysis and professional counsel. Markets can behave very differently from any thesis.

That said, the logic of the orbital ladder points to where value will concentrate, and the list has three layers:

Layer one: compute, the lever of everything. NVIDIA is the central case: its GPUs are the universal input of the AI race, and if orbital data centers take off, it will be its chips (or its rivals’) that fly. Its position resembles the seller of picks and shovels in the gold rush: it wins no matter which miner triumphs. In the same layer sit TSMC (which fabricates nearly everyone’s chips), AMD and Broadcom. The shared risk: already demanding valuations and the geopolitical concentration of fabrication in Taiwan.

Layer two: access to space and orbital infrastructure. SpaceX, now public after its June IPO, is the integrated bet: launch, Starlink, compute and AI in a single stock — with the counterweight of a valuation near $2.5 trillion that already prices in a lot of future. Rocket Lab is the purest public alternative in launch and satellite components. Relativity Space (private, led by Eric Schmidt) and Starcloud (orbital data centers) are accessible only through private-capital funds. In satellites and services: AST SpaceMobile (direct-to-cell), Planet Labs (Earth observation) and Iridium.

Layer three: defense and traditional space systems. The militarization of orbit is an uncomfortable but real trend: L3Harris, Lockheed Martin and Northrop Grumman capture the early-warning, secure-communications and sensor budgets that great-power competition guarantees for decades.

The criterion to evaluate any of them is the same metrics dashboard of this report: does the company reduce the cost per kilogram, increase mass in orbit, or capture compute? If the answer is yes to any of the three, it is on the right side of the ladder.

The Moral of the Ladder

If anything became clear in the week of July 10, 2026, it is that the ladder is no longer climbed by a single country or a single company. The logical sequence — reusability, low orbit, high orbits, cislunar space, asteroids, Mars — is the same for Washington and for Beijing, for SpaceX and for LandSpace. The difference will lie in speed, in cost per kilogram, and in who builds the gas stations along the way first.

The conquest of the universe, seen this way, does not resemble the lunar race of the sixties — a sprint to plant a flag. It looks more like the construction of the railroads of the nineteenth century: a layered infrastructure where each station makes the next one profitable. The net that caught the Long March 10B over the South China Sea did not catch just a rocket. It caught a second power’s ticket onto that ladder.

Sources: episode #270 of the Moonshots podcast with Peter Diamandis (recorded July 11, 2026); reporting by CNN, Scientific American, TechCrunch, Space.com, NASASpaceflight and Fortune on the Long March 10B recovery, the Starship program, the SpaceX IPO and the Tianwen-2 mission. The companies section is informational and does not constitute investment advice.

This report was created with rhe support of FABLR AI

 

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