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La ingeniera que ayudó a Neil Amrstrong a regresar a la Tierra | MIT Technology Review en español

En los meses previos al 50 aniversario de la misión Apolo 11, compartiremos historias de las personas que hicieron posible el aterrizaje en la Luna (ver Historia de la icónica foto de la huella lunar y el hombre que la hizo posible y El hombre que ayudó a que el Apolo 11 no se estrellara contra los rusos). Esta semana: Sheila Thibeault.

Muchas de las personas que trabajaron en el programa Apolo de la NASA acabaron en profesiones que no tenían ninguna relación con el espacio, como la medicina y la aviación. Pero  ese no fue el caso de la investigadora Sheila Thibeault. La misión Apolo fue precisamente lo que la convirtió en una enamorada de la exploración espacial: 50 años después, sigue trabajando en el mismo lugar, el Centro de Investigación Langley de la NASA en Virginia (EE.UU.). Ese también fue el lugar de trabajo de la matemática Katherine Johnson, quien hizo importantes contribuciones al cálculo de las trayectorias de Apolo y se hizo más conocida después de aparecer en la reciente película Hidden Figures (titulada Talentos ocultos en Hispanoamérica y Figuras ocultas en España).

Cuando Thibeault llegó por primera vez a la NASA, solo buscaba un trabajo de verano. Estaba recién licenciada en Física en el College of William and Mary en Virginia y no estaba mirando mucho más allá de los próximos meses. Pero el programa Apolo estaba en pleno apogeo, lo que le permitió involucrarse en él a un nivel mucho más profundo.

Encontró su nicho trabajando para crear y ejecutar pruebas en el Rendezvous Docking Simulator (que después fue declarado sitio histórico). Los astronautas de los programas Géminis y Apolo utilizaron esta enorme máquina para dominar la difícil tarea de acoplarse a la órbita lunar (LOR, por sus siglas en inglés).

Ese era el nombre del proceso que el módulo espacial que aterrizó en la superficie de la Luna utilizó para volver a acoplarse a otra nave espacial en órbita para poder devolver a los astronautas a sus hogares. Ese era el plan, pero si no se lograba, toda la misión fracasaría. La veterana ingeniera recuerda: “Al principio fue muy controvertido porque se consideraba que una maniobra de muy alto riesgo. Si algo hubiera salido mal, habríamos perdido a los astronautas, no habríamos podido hacer nada. No hubiera habido manera de llegar a ellos”.

Así que los astronautas tuvieron que entrenar para cada situación posible en seis grados de libertad del Rendezvous Docking Simulator, que colgaba del techo cerca de donde trabajaba Thibeault. Un elemento importante del entrenamiento consistió en aprender a alinear las cosas mirando una pantalla de televisión. Pero los televisores no eran tan buenos en aquel entonces: había mucha distorsión.

La función de Thibeault era ayudar a descubrir cuánta distorsión había, y a combatirla para asegurarse de que los astronautas conseguían alinear los elementos en el simulador, y luego, más tarde, en la realidad. “Los astronautas tenían que agudizar las señales visuales para llevar a cabo esta misión de forma precisa y segura”, destaca ella.

Tras todos los años que han pasado desde las misiones de Apolo, Thibeault todavía está ayuda a mantener seguros a los astronautas de hoy en día. La ingeniera concluye: “Cincuenta años después, ahora estoy trabajando en la ropa adecuada para protegerlos de la radiación“.

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