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La niña salmantina cuyos dibujos triunfan en Europa



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A priori podría parecer que no hay mucho que hacer en un pequeño pueblo de tan solo diez habitantes. Candelas Casas Sánchez, de tan solo nueve años, es la única niña de Traguntía, una humilde villa enmarcada en el término municipal de Vitigudino, pero asegura que no hay lugar para el aburrimiento. “Paso mucho tiempo con mis animales además de dibujando, que es mi mayor afición”, asegura.

Su interés por el arte paleolítico que queda plasmado perfectamente a través de una ilustración de Siega Verde que le ha merecido un premio en el I Concurso de Dibujo Europeo “El primer arte de los europeos visto por los europeos del futuro”, certamen de la Asociación Internacional Caminos de Arte Rupestre Prehistórico de la que forma parte Adecocir y en el que participaron más de 2.000 niños con motivo del Día Europeo del Arte Rupestre.

De madre veterinaria, padre biólogo y abuelo ilustrador, Candelas crece en un entorno que favorece a pasos agigantados sus aspiraciones. Como otros muchos niños, aspira a ser varias cosas cuando sea mayor: paleontóloga, pintora e interiorista. Y es que tanto Mercedes Sánchez, su madre, como Víctor Casas, su padre, viajan con ella para descubrirle a la pequeña todo un mundo de posibilidades.

Candelas obtuvo su primer premio de dibujo en un certamen impulsado por una empresa de maquinaria agrícola bajo el título “La vida en el campo”, algo de lo que la pequeña artista sabe mucho. Su abuelo paterno, Emilio Casas, estudió Bellas Artes en Burgos para después trasladarse a León, donde trabajó como diseñador y maquetista en dos periódicos. Acabó su vida laboral en la Universidad de Burgos, en el departamento de publicaciones, centrado una vez más en el dibujo.

“Me gustaría que Candelas se especializara, ya que puede llegar a ser una buena ilustradora o profesora de dibujo”, apunta. “Desde niña ya sabíamos que tenía grandes dotes para el dibujo y mucha imaginación”. El padre de Candelas también dibujaba mucho en su niñez, y de hecho, sigue haciéndolo con Emilio y con la pequeña Candelas. “Desde que pudo sostener un lápiz empezó a dibujar”, confiesa con orgullo.

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