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Meritocracia y emprendimiento. SALVADOR ALVA Presidente del Tec.

 

24.06.2019/01:54

La meritocracia y el emprendimiento. Estas dos palabras son indispensables para un desarrollo económico sostenible e incluyente. Los países exitosos de los últimos 25 años entendieron que el internet cambiaría la configuración del planeta y que el comercio de materias primas y manufacturas ya no sería el detonador preeminente del bienestar. El crecimiento vendría de la innovación, la capacidad de emprender, el predominio del talento y el mérito y las herramientas tecnológicas que nos vincularían como sociedad, borrando los criterios y las fronteras que solían demarcar a los países.

Un ejemplo de la nueva era ha sido la empresa Apple, que desde Cupertino, California, impacta a todo el mundo y cuyo valor de capitalización es mayor a 900 mil millones de dólares, equivalente a 75% del producto interno bruto de México, y lo más impactante es que tiene liquidez por 225 mil millones de dólares para construir nuevos sueños.

La pregunta obligada es entender cómo se dio este cambio en el mundo en la forma de producir y en el empleo, y qué podemos aprender. Hace 30 años cayó el muro de Berlín y, con ello, el sistema comunista como lo conocíamos. En 1993, China era la economía 10 en producto interno bruto y Rusia la 12. China decidió apostar al desarrollo del talento y el emprendimiento tecnológico, y hoy ya ocupa el segundo lugar. Rusia, por el contrario, le apostó a su gran riqueza petrolera y de materias primas, y hoy está en el lugar 11. Una ganó ocho sitios y la otra uno.

En el caso de México, en 1993 nuestra economía era la 9, un lugar por arriba de China; India era la 16. México reconoció que el modelo de economía cerrada al que había apostado también había fallado y decidió apostarle a las manufacturas. A pesar de que hoy estamos mucho mejor que hace 25 años en las variables macroeconómicas, pasamos como economía del sitio 9 al 15. Por contraste, India le apostó al talento, la meritocracia y la tecnología y hoy es el país 5. Ascendió once sitios, mientras nosotros perdimos seis.

Los países que entendieron la fórmula de cómo progresar en esta nueva economía global lograron crear sociedades incluyentes y muy competitivas a través de una educación accesible y de alta calidad, donde el mérito, y no el nivel socioeconómico, determinaría el futuro de sus ciudadanos. Su apuesta fue al desarrollo de talento, a ecosistemas amigables para las empresas y los emprendedores y a concentraciones urbanas muy compactas, verticales e incluyentes, donde privilegian el espacio público sobre el privado.

Lo primero que hicieron fue becar a sus mejores estudiantes para ir a las mejores universidades del mundo. Tan solo China envía más de 850 mil al año, Corea del Sur, a más de 100 mil, mientras México, solo alrededor de 30 mil. Al mismo tiempo, invitaron a las mejores universidades internacionales de investigación a instalarse en sus países (China tiene casi 40) y fomentaron la calidad de sus universidades, en especial en materia de investigación, que es el imán para atraer al mejor talento del planeta.

México solo representa 1.4% de la economía mundial. Si mantenemos una política de apertura al exterior, tendremos la oportunidad de interactuar con mercados que, en su conjunto, son más de 70 veces mayores que el nuestro, siempre y cuando entendamos que el crecimiento y el bienestar se darán en la medida en que logremos acceso a las nuevas tecnologías y a formas de producir que definirán el futuro del mundo.

Richard Foster, de la Universidad de Yale, pronosticaba hace varios años que para 2027, 75% de las empresas Fortune 500 serían empresas que aún no existían. Se estima que las nuevas tecnologías crearán negocios por más de 15 billones de dólares (casi el tamaño de la economía de Estados Unidos), negocios que vendrán de la extinción de muchos que hoy dominan en México y que serán obsoletos y reemplazados debido a la preeminencia, por ejemplo, de los vehículos eléctricos y autónomos.

Toda esta revolución será creada por los mejores talentos del mundo, sin importar su origen, creencias o nivel socioeconómico. Las ciudades y los países ganadores en el siglo XXI serán aquellos que logren atraer y retener al mejor talento, creando ecosistemas de emprendimiento y competitividad a través de un modelo meritocrático que sea incluyente y detone una educación e investigación de alta calidad. En una palabra, que logren incorporarse de manera eficaz a la dinámica de la economía del conocimiento y la innovación.

Repasé la versión ejecutiva del Plan Nacional de Desarrollo 2019-2024 y me llamó la atención que en el escrito no aparecen conceptos como “desarrollo humano”, “felicidad”, “talento”, “mérito”, “emprendimiento”, “robótica” o “inteligencia artificial”. Graves omisiones, que espero no sean sintomáticas de un nuevo modelo de desarrollo a fomentar. Revisar y contribuir a enriquecer el plan es tarea urgente de todos los mexicanos. Más aún lo será contribuir a que la carta de ruta del país nos lleve a buenos puertos.

Fuente:https://www.milenio.com/opinion/salvador-alva/columna-salvador-alva/meritocracia-y-emprendimiento?fbclid=IwAR31elBr5Ysbb8pmgZRi29Rw_KwW-N27I4SyoEvlZkzBXABGfBW1jD565AU

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El autor es Presidente del Tecnológico de Monterrey
@Salvador

Entrevista en Milenio TV

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