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Pobres niños | Las Provincias

CURRI VALENZUELA

Mención aparte de las más de 40.000 víctimas del coronavirus, los mayores perjudicados de la pandemia en España están siendo los niños. Lo fueron desde el principio, cuando resultaron ser los grandes discriminados por las medidas de confinamiento; lo siguen siendo todavía, privados de recibir una educación como el resto de los pequeños europeos por miedo, absurdo, a que se contagien más en el colegio que en una cena con familiares en el comedor de su casa o acompañando a sus padres a la terraza de un bar, dos actividades que sí les están permitidas.

Ya durante el confinamiento quedó patente esa discriminacion. Mientras sus padres tenían permiso para visitar la farmacia o el súper, llegarse al kiosko a comprar el periódico o pasear al perro a cualquier hora, los pequeños de la casa debieron permanecer encerrados a cal y canto. Incluso se les prohibió bajar a jugar, por turnos establecidos por los vecinos, a las zonas comunes de las urbanizaciones. Cuando el Gobierno se acordó de ellos, cometió el lapsus de recomendar que acompañaran a sus padres al supermercado, lo que al final cambió por dejarles salir de uno en uno en compañía de uno solo de sus progenitores, como si la unión familiar corriera más peligro de contagiarse por permanecer unida en la calle que en su casa.

Respecto a la educación, el Gobierno ha actuado a su más puro estilo cada vez que se topa con una patata caliente: ha traspasado el problema a las comunidades autónomas, como si la cuestión no fuera de su incumbencia. Y, salvo excepciones como Galicia o el País Vasco, las comunidades se han apresurado a dar por terminado el curso escolar. Sin rechazo social, lo que revela el poco o nulo interés de nuestra ciudadanía, que está demostrando mucha mayor preocupación por las condiciones de apertura de bares y centros comerciales que por las de colegios e institutos. Y el aplauso de los sindicatos de educación, todos ellos sin excepción. Que a los sindicatos de educación no les preocupe que niños y jóvenes pierdan un curso puede servir de explicación de por qué España es el único país europeo que a día de hoy mantiene cerradas sus escuelas. Menos mal para todos que los sindicatos sanitarios no valoraron las vacaciones por encima del deber de médicos y enfermeras de trabajar sin descanso para combatir la pandemia.

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