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Urzúa o Nahle, la decisión clave

Era Carlos Urzúa o Rocío Nahle. No cabían los dos en el gabinete. Apenas siete meses después de iniciado su mandato, el Presidente tomó la decisión que marcó el sexenio en el terreno económico. Urzúa era el ancla para un gobierno sensato y Rocío Nahle la cilindrera de las ocurrencias. Con Nahle estaba el poderoso director de la Comisión Federal de Electricidad, Manuel Bartlett. El Presidente optó por el tándem Nahle-Bartlett y mandó al diablo la sensatez de Carlos Urzúa. Fue el 9 de julio de 2019. Renunció el secretario de Hacienda. Un día después, el 10 de julio, los motivos de su salida se expusieron en esta columna: Las principales diferencias que lo llevaron a dejar el cargo fueron con las acciones tomadas por Manuel Bartlett en la Comisión Federal de Electricidad y por Rocío Nahle en la Secretaría de Energía. Para Urzúa, Bartlett en la CFE es un peligro para el gobierno y para el país. Urzúa consideró de consecuencias sumamente graves que CFE haya impugnado ante tribunales internacionales el contrato –y frenado la puesta en operación– del gasoducto submarino que viene desde el sur de Texas hasta Tuxpan. El 11 de junio se terminó de construir el gasoducto, hecho en alianza por las empresas IEnova (filial de la estadounidense Sempra) y la canadiense Transcanada. Para poder proveer el servicio de trasporte de gas, la CFE debió emitir una constancia de aceptación y no lo hizo, sino que se fue a tribunales para anular parte del contrato. Carlos Urzúa no estuvo de acuerdo con desconocer ante tribunales un contrato firmado por el Estado mexicano, por el golpe a la confianza de los inversionistas que ello implica. Eso es gravísimo, se quejó el exsecretario de Hacienda. Y lo fue también porque era uno de los proyectos de infraestructura más importantes de los últimos años, con capacidad para transportar 2 mil 600 millones de pies cúbicos de gas natural, diariamente. Con ello se incrementaba en 40 por ciento la capacidad de importación de gas para el país. Las decisiones en CFE pavimentaron la renuncia de Urzúa. En total CFE solicitó arbitraje internacional en contra de siete contratos de gasoductos que estaban firmados por las autoridades mexicanas y eran beneficiosos para el país. Entre las medidas de Bartlett que Urzúa consideró graves, estuvo afectar directamente a Nancy Pelosi, la líder demócrata del Congreso de Estados Unidos, con la impugnación de contratos que ya estaban firmados y aceptados por el Estado mexicano. Pero esa no fue la única razón por la cual Carlos Urzúa presentó su renuncia a la Secretaría de Hacienda el día de ayer. También estaba profundamente preocupado por las decisiones de la titular de la Secretaría de Energía, Rocío Nahle. Hace poco más de dos semanas la Secretaría de Energía retiró las siete áreas contractuales que estaban incluidas en la licitación CNH-A6-7 asociaciones/2018, por lo que el proceso quedó sin efecto. Fue otro golpe grave a la confianza para los inversionistas que dañó al país, y Carlos Urzúa advirtió de lo peligroso de tomar ese tipo de medidas. No podía el secretario de Hacienda recorrer las capitales financieras del mundo ofreciendo certezas para invertir en México, mientras aquí Manuel Bartlett y Rocío Nahle hacían exactamente lo contrario. El presidente López Obrador, en lugar de apoyar a su secretario de Hacienda, protegió a Bartlett y a Nahle en sus decisiones. Lo mismo ocurrió con los anuncios de arranque de la construcción de la refinería de Dos Bocas. Urzúa es un viejo amigo personal de López Obrador, relación que no se rompió aun después de haber renunciado a la Secretaría de Finanzas del Distrito Federal, cuando AMLO fue jefe de Gobierno. Sin embargo, el exsecretario de Hacienda fue un crítico de algunas de las políticas del gobierno del cual formó parte hasta ayer: la cancelación del aeropuerto, la construcción precipitada de Dos Bocas, la intromisión de Alfonso Romo en su área de competencia, y las decisiones de Bartlett y Nahle al frente de CFE y Sener. Tampoco estaba de acuerdo con aspectos de la conducción de la política interna del país. De hecho, no asistió al mitin en Tijuana luego de los acuerdos alcanzados en materia migratoria con el gobierno de Estados Unidos. Nunca quiso ingresar a Morena. Mantuvo la estabilidad financiera del país en medio de decisiones irracionales y contrarias a la generación de confianza para invertir. Hoy Carlos Urzúa está fuera de la Secretaría de Hacienda, por decisión propia, porque no contó con el respaldo de su amigo y jefe, el Presidente, cuyo proyecto es otro. Esas fueron las razones de su salida del gobierno, un hecho que marcó el derrotero del sexenio en el terreno económico. Se optó por las ocurrencias y el despilfarro de dinero y de oportunidades. Murió Carlos Urzúa, un hombre sensato y valiente.

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