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Escuchar y ser escuchado… Un camino hacia la Salud Mental – María Clara Ruiz – Psicóloga Denia y Valencia

Y si alguien te ofreciera dos minutos, veinte o tres horas. Si alguien dedicara todo el tiempo del mundo a escucharte…  Uff!! Eso sería como ganar una lotería!

Vas caminando por la calle, en el coche o en el tren absorto en tus pensamientos, buscando la respuesta a pesar de que tu cabeza no saca nada concluyente.

La historia de tu vida te invade mediante imágenes inconexas, recuerdos que te inquietan, esas palabras dulces que te llenaron algún día, los gestos hostiles de quienes que te hirieron tanto, el sueño de anoche, la idea que surgió después las noticias.

A tu lado hay otro alguien que, como tú, intenta poner orden en su mente. No lo sabes y es posible que ese alguien ni se haya percatado de tu presencia.

Lo que sí sabes es que tienes mucho que contar.  Una historia para ti especial, única, excepcional, digna de una película mucho más interesante de las que ves en tus momentos de aburrimiento y soledad. 

A veces me pregunto si en realidad tenemos una sincera disposición para entendernos

La Voluntad de Entenderse

Pero pronto empiezas a pensar que a nadie le importará, que la gente está muy ocupada con sus cosas como para incordiarle con las tuyas, que tu relato será uno más entre muchos, tus opiniones irrelevantes… y callas. Callas mientras intentas apagar la llama viva del deseo de expresarte.

Y si alguien te ofreciera… dos minutos, veinte o tres horas. Si alguien dedicara todo el tiempo del mundo a escucharte…  Uff!! Eso sería como ganar una lotería!

Sentirse escuchado es uno de los mejores regalos que alguien puede recibir. Y más ahora, cuando la prioridad es ganar tiempo y privacidad aún en perjuicio de los vínculos, encontrar a alguien accesible parece una odisea. 

Por otra parte, disponerse a escuchar parece ser una habilidad pendiente de desarrollar

Porque escuchar no es permanecer con la  mirada perdida esperando que el otro acabe de una vez por todas, jugando mientras tanto con los dedos en la mesa. 

Escuchar no es oír mientras se aprovecha el tiempo pensando en lo que uno hizo ayer o tiene que hacer mañana. 

Tampoco, aunque queramos convencernos de ello, la escucha puede ser real mientras chequeamos nuestro móvil, respondemos a un whatsapp o vemos la tele. 

Escuchar no es acallar el relato ajeno con consejos, juicios, moralejas, proyecciones o ansiosas interpretaciones tomadas de la historia individual. 

Y escuchar no es mirar al otro con forzada complacencia como queriendo decirle… “Que conste que te escucho” y haciendo fuerza para no cerrar los ojos o salir corriendo a un lugar más deseable o pensando en la respuesta que hay que dar a continuación para que la otra persona crea que se le escuchó. 

Siempre viene bien intercambiar posiciones cuando la comunicación está amparada por la libertad de opinión, el respeto por la diferencia, la escucha y la voluntad de entenderse

Discusiones Políticas entre Afectos Ocultos

En el transcurso de mi vida he conocido a muy pocas personas que saben escuchar. Dos o tres, como mucho. Yo misma he tenido que hacer un largo examen de consciencia para acercarme a esa capacidad y no sé si algún día podré declararme plenamente satisfecha.

Escuchar es estar presente viviendo por primera vez lo que el otro revive una vez más. Es acompañar y dejarse tocar por una historia ajena. Es arriesgarse a romper certezas, es dejarse a uno mismo por un rato (tranquilízate, que no  vas a desaparecer) y entregarse a una experiencia desconocida, probablemente incomprensible, tal vez incontrolable, absurda, hermosa… de todas formas diferente.

La salud mental no es propiedad exclusiva de las consultas psiquiátricas y psicológicas. Es, o debería ser, un asunto colectivo en una sociedad capaz de potenciarla desde el principio de la vida, una cuestión transversal en la educación, la salud primaria, la política, la memoria histórica. 

La pregunta puede ser sencilla e inocente pero la respuesta no puede serlo…

Si uno tiene un amigo… ¿Hay que tener un Terapeuta?

Si cada uno y cada una tuviéramos esa parcela de derecho a ocupar el tiempo de alguien con nuestra  historia y el compromiso de ocuparnos con la de otra persona, ya tendríamos superadas una gran cantidad de dolencias derivadas de la sensación de aislamiento que aplasta el ánimo de miles de personas de todas las edades.

No sé quién gana más, si quien escucha o quien es escuchado. Me parece que un interjuego de los dos sería una indestructible manera de exorcizar ese denso aislamiento general, esa profunda soledad de quienes aún creen que se podría vivir mejor en auténtica conexión con los demás

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