Ciudades del futuro

Milei: ¿Un proyecto de poder controlado por agencias de inteligencia internacionales? – Por Marcelo Ramírez

Por Marcelo Ramírez Las nuevas élites políticas, sus máximos líderes, parecen empeñados en un modelo que combina el ajuste económico que pulveriza el nivel de vida, con un avance hacia una guerra mundial termonuclear. ¿Cómo es posible que estos personajes hagan esto sin que sean detenidos por las sociedades o contrapesos del poder? ¿Qué pasa con las élites reales, las que tienen el poder económico y financiero histórico, que permiten estas locuras? Tal vez ellos mismos sean el problema. Intentemos comprender en primer lugar la mente de nuestros gobernantes, porque no son una persona común, no podemos proyectar nuestra forma de pensar en ellos. Estas élites no son ciudadanos ordinarios, sus valores y pareceres, tampoco lo son. Javier Milei será nuestro ejemplar a diseccionar y tratar de comprender. Sus ideas políticas son extremas, su personalidad es la de un fanático convencido y sus medidas en el ejercicio del poder transponen todos los límites imaginables. No vacila en combinar amenazas públicas y advertencias de dolor extremo para grandes sectores de la población, y lo hace sin ningún remordimiento moral. Esta personalidad que todos podemos observar, que exhibe públicamente con sus exabruptos y ostracismo combinados con picos emocionales públicos y períodos de serenidad y simpatía, es un gran desafío para su comprensión. Primero veamos algunos rudimentos de psicología y psiquiatría y sus definiciones sobre cómo es la personalidad de un psicópata: Falta de empatía y remordimiento: Dificultad para entender y compartir los sentimientos de los demás, y una falta de culpa por sus acciones. Comportamiento manipulador y engañoso: Habilidad para engañar y manipular a los demás para su propio beneficio. Impulsividad y falta de responsabilidad: Tendencia a actuar de manera espontánea y sin considerar las consecuencias, junto con una falta de responsabilidad por sus actos. Encanto superficial: Capacidad para ser superficialmente encantador y carismático, a menudo para manipular a otros. Violación de normas sociales: Tendencia a infringir las reglas sociales y legales, mostrando poco respeto por las normas y leyes. El presidente argentino, y lamentablemente no es el único en la política con estas características, comparte evidentemente esos parámetros. La valoración sobre sus intenciones no las podemos saber desde nuestra posición, pero sí podemos confirmar que muchos de esos comportamientos están presentes visiblemente, aunque no podamos comprender sus verdaderas motivaciones. A través de sus biógrafos hemos podido acceder a información sobre una infancia traumática, dada su relación familiar y sus problemas de integración social con sus pares durante su infancia y adolescencia. Esto incluye la descripción de una personalidad de un individuo aislado y con reacciones violentas, hasta el punto de ser apodado como “el loco”. La psicopatía se desarrolla por distintos hechos: factores biológicos, que no podemos corroborar en su caso, como estructura y funcionamiento del Cerebro, anomalías neuroquímicas y factores ambientales. Estos últimos, los podemos encontrar en las experiencias traumáticas durante la infancia, como el abuso físico o emocional, la negligencia y la exposición a la violencia familiar, al que ha estado expuesto en sus años infantiles y juveniles. Sus padres lo sometieron a tratos crueles que incluían el desprecio hacia su persona, violencia y la falta de amor marcada, algo que el propio Milei ha confirmado. La dinámica familiar, como la falta de calor emocional o la disciplina inconsistente o severa, también pueden contribuir al desarrollo de una personalidad psicópata. Si bien, por supuesto, esto no es más que una nota de análisis político que pretende comprender la personalidad y los hechos políticos que pueden rodear a Milei, como un caso extremo de un político promedio actual. Un diagnóstico preciso debería ser dado por profesionales con acceso a la posibilidad de un estudio profundo, pero eso sabemos que hoy es imposible, así que solo podemos manejarnos en suposiciones razonables. Milei presenta otro rasgo llamativo que se suma a esa psicopatía presunta, y esto tiene que ver con el misticismo que lo rodea. El mandatario se ha mostrado pública y reiteradamente como alguien no solo interesado en cuestiones religiosas, sino que ha adoptado actitudes al menos llamativas, en el plano esotérico. Su presencia, en Israel, además, ha sido una montaña rusa emocional de alegrías y tristezas exhibidas al mundo. Pero, y recurriendo a sus biógrafos una vez más, podemos recordar que ha tenido crisis profundas existenciales, que ha conjurado con una relación establecida con un rabino, Shimon Axel Wahnish, que hoy ha sido designado como embajador argentino en Israel. Javier Milei se refirió a sí mismo como el “salvado de las aguas”, comparándose con su hermana, según le han ayudado a entender su entorno mágico y esotérico. El presidente afirmó en una entrevista periodística que «Kari es Moisés y yo soy el que divulga». «Soy solamente un divulgador, ella es el Mesías». Extrañamente, su hermana es “la Jefa” para el presidente, luego de sus “revelaciones”, que incluyen a Dios mismo. Sus seguidores más fanáticos afirman contar con «Las Fuerzas del Cielo» en su empresa liberadora. El propio presidente cree que Dios le ha encomendado liberar a la Argentina del Mal, que esa es su misión, en la cual no parece ser ajeno su mentor espiritual y hoy nuevo embajador. Milei cada día da mayores muestras del espíritu místico que lo envuelve, en una cruzada contra el Mal, representado por el comunismo y el Estado, a los que debe combatir. Lo hace con el apoyo de Dios, y por ello, la sabiduría y el Bien están de su lado. Su propósito es, entonces, el de Dios, y nadie puede ni debe desafiar a Dios, cuyo vicario en la Tierra es él. En este punto hagamos un nuevo alto y definamos qué es una persona con trastornos psicóticos. Una persona con trastorno psicótico es un personaje que, a diferencia del psicópata, no puede diferenciar la realidad de la fantasía. Puede experimentar alucinaciones y tener un pensamiento desorganizado que se refleja en una comunicación incoherente o desconectada. Nada que no pueda ser atribuido a Milei, que asume la presidencia con un bastón presidencial con un tallado de sus cinco perros clonados, y que otorga a Conan poderes místicos. Acaba de asegurar que su intento del “Pacto de Mayo”, su intento de unir a las fuerzas políticas detrás de su proyecto, se realizará en la provincia de Córdoba, entre otras razones, porque Conan es cordobés. Dentro de este marco, un personaje con serios conflictos de personalidad, bien podríamos especular con el aprovechamiento por parte de una potencia extranjera de esta oportunidad, al estilo de la novela “El Candidato de Manchuria”. La hipótesis de que un servicio de Inteligencia extranjero consiga manipular a un personaje menor con las características de Milei y proyectarlo a la cima del poder, es una posibilidad poco explorada que no debería ser desatendida en el mundo real. Milei era el candidato perfecto, una personalidad conflictuada susceptible de ser condicionada para que crea que es alguien con una misión especial, cuyo destino es traerle al mundo la solución a sus problemas. Su desestructuración ante una oferta de poder y estatus, podría ser irresistible para alguien que busca poder y control. Asimismo, teniendo Milei ciertas necesidades o debilidades emocionales, la Inteligencia foránea podría intentar explotarlas, ofreciéndole un sentido de propósito o comunidad, y utilizándolo para otros fines propios. El reforzamiento de la ideología que casi en soledad intentaba imponer serviría para afianzar la relación, sobre todo teniendo en cuenta que esa oferta sería conveniente a los intereses del posible psicópata. Milei tiene cierto carisma dado por su extrovertida personalidad, que demuestra en algunas ocasiones. Habiendo sido la apuesta inicial de un poderoso empresario como Eurnekián, el presidente demostró capacidades de manipulación como para convencer al poderoso multimillonario durante muchos años, convenciendo de que es la persona adecuada para sus fines y así contar con su poder para imponerse en los medios. Desde allí ha podido reclutar más individuos para constituir el núcleo de su fuerza política y edificar su popularidad. Si bien sus propios rasgos psicopáticos podrían resistirse al control totalitario o a la sumisión que una agencia de Inteligencia podría exigirle, como sus objetivos se alinean, podría surgir un juego de poder conveniente para ambas partes. El actual presidente sería simultáneamente parte de un proyecto de control sobre un país que fijaría objetivos propios, que se expresan en políticas marcadamente pro-sionistas. Y que, a cambio, contaría con el apoyo que la Inteligencia podría brindarle. Sus acercamientos públicos con la Jabad Lubavitch, una secta sionista que ha protagonizado un escándalo recientemente en la Ciudad de Nueva York, son una muestra de confluencia de los intereses políticos y el uso, al menos, de la cuestión mística, para sus fines. Milei, si está realmente convencido de la designación divina o no, de su papel, no cambia el hecho en sí. Conscientemente, o en medio de un delirio místico, se sirve de esa posibilidad para acceder a las herramientas que necesita para sus fines personales. El alineamiento de fuerzas también es provechoso para quienes siempre han tenido en mente otro modelo económico y político para el país, pero que no se hubieran atrevido, o no habían encontrado, a un político dispuesto a tomar las decisiones que toma Milei. El presidente tiene a su favor su llegada al poder sin compromisos políticos previos y visibles, con fuerzas que tengan alguna raigambre popular o al menos, un interés o necesidad de satisfacer, aunque sea en parte, a sectores mayoritarios. Pero además de esa ausencia de presiones externas, Milei demuestra una absoluta indiferencia por el dolor y el sufrimiento ajeno, hasta tal punto que amenaza públicamente con usar la fuerza y producir un verdadero ajuste, como medios de lucha política. Su propia inmadurez sentimental, su falta de empatía con el sufrimiento ajeno, le permite obtener lo que quiere a cualquier costo ajeno. Sus decisiones carecen de culpabilidad, no tiene apego emocional y sus razones son válidas solamente en función de sus necesidades. No debería extrañarnos, puesto que su visión libertaria lo convierte en un adorador de la libre voluntad del individuo, sin ningún apego ni empatía por el prójimo. ¿Qué podría molestar a un político que se presenta como el enviado de Dios y que en su infancia no ha podido establecer ni siquiera un vínculo afectivo con sus padres? Milei es un ser solitario, sagaz, pero carente de inteligencia emocional. Solo un imitador que finge interés por la sociedad, aunque concebida en formato individual. Ascender y tener éxito pisando cabezas, aplastando otros seres humanos y generando sufrimiento a su paso, no es un problema para él. Acostumbrado desde niño a estar solo en un mundo hostil e incapaz en su adolescencia de establecer vínculo afectivo hasta el punto de no tener una novia, el mundo social y emotivo es algo ajeno a él. Sin embargo, es lo suficientemente inteligente como para canalizar sus ideas hacia el libertarismo, que le permite dar rienda suelta a su egoísmo y ambición de poder sin culpa alguna. Si no puede ser capaz de valorar las relaciones personales y familiares, solo puede expresar su razón de ser por el poder y si su motivación final es obrar la voluntad de Dios siendo el elegido, más atractivo le será. En definitiva, si nunca ha podido generar empatía con sus familiares, ¿por qué habría de tener algún sentimiento hacia un perfecto desconocido? Un jubilado no es más que un gasto, y si en la vida no le fue mejor y hoy tuviera dinero para vivir sin una prestación del Estado, es por la incapacidad propia. El mundo es cruel y solo los mejores sobreviven, siendo él mismo un ser superior, al menos bastante hábil para llegar a la presidencia. No hay mejor candidato, entonces, que un ser psicópata, con rasgos psicóticos y cierta dosis de paranoia, probablemente estimulada por quienes intentan controlarlo. Este personaje es capaz de sumir en la pobreza una nación entera, llevar a una guerra civil o a una fragmentación territorial sin ningún remordimiento. En este punto podemos percibir que los planes más abyectos imaginables se pueden ejecutar sin problemas. Los pondrá en marcha a cambio de satisfacer sus apetitos de poder, que es su gran guía. La paranoia, probablemente inducida por la Inteligencia, les permite conseguir un frente hostil hacia aquellos que amenazan el proyecto. Quienes no están con Milei, son sus enemigos y esos enemigos pueden ser determinados por la habilidad de los agentes que lo controlen. Allí encontramos el punto en común para toda la dirigencia occidental. La psicopatía es la norma, individuos que no les tiembla el pulso para enviar a la miseria y a la muerte a millones. Las élites detrás de las gerencias políticas, con esa misma características, apelan a buscar individuos disponibles para llevar al mundo a una guerra nuclear que les permita reducir drásticamente la población, aniquilando miles de millones de vidas, y así tener dispuestos todo para instalar su modelo. Vemos entonces un juego de psicópatas que se usan unos a otros, con distintos fines, algunos individuales y otros más ambiciosos, pero que todos tienen en común el desprecio y la falta de dolor por el prójimo. Estos seres creen que sus intereses son los únicos válidos, y se sirven de personas o sistemas para lograrlos. Lo hacen sin culpas, en definitiva, una élite psicópata, que controla a una clase política de similares características, explican por qué, en un mundo con tanta riqueza y tecnología, la situación de las grandes mayorías sea tan difícil. Milei es solo un ejemplo extremo, tal vez de un nuevo modelo de gerentes necesarios para la nueva etapa que se aproxima. No hay espacios para tibios, aquellos políticos que oscilan en sus políticas, que tienen intereses populares o nacionales, o simplemente pruritos morales, deben ser exterminados y reemplazados por seres como Milei, dispuestos a todo, sin culpa. De esta manera podemos comprender cómo es posible que Alemania se suicide económicamente como ha hecho, que Francia amenace con enviar tropas a una lucha directa con Rusia o que decenas de pequeños Estados, como Estonia, desafíen militarmente a Moscú. Simplemente, están guiados por este nuevo tipo de dirigentes, que son norma ya. Si bien siempre existieron individuos desalmados en el poder, también había contrapesos y otros valores que compensaban las ambiciones humanas. Hoy no, todo el sistema de poder, todo lo que lo constituye, ya sea político, económico, financiero y aún mediático, está poblado por individuos dispuestos a vender su alma por una ventaja personal. Casi sin excepciones, las expresiones de poder son desalmadas y están construyendo sociedades a su imagen y semejanza. Materialistas, hedonistas e individualistas, sin empatía por el prójimo, características que les permitan sus planes. El embrutecimiento de las sociedades generalizado favorece la situación. No habiendo valores estables y permanentes de los mismos, con la promoción de la “deconstrucción de valores”, sin ideas de trascendencia, sin un ordenamiento natural, el mundo está quedando en manos de psicópatas.

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