Arte & entretenimiento

Mira que te lo dije, Yolanda…

Malos tiempos para la lírica En los años 60, en el contexto de la persecución de criminales nazis, se popularizó en Alemania el concepto “Schreibtischtäter” (criminal de escritorio), para señalar a los que lanzaron la piedra del señalamiento pero escondieron la mano, intelectuales que fueron parte de la estructura criminal pero pretendían la tentación de la inocencia. Sus manos estaban manchadas de tinta, no de sangre, así que eran “inocentes”. Su denuncia buscaba que, al menos, el oprobio no les permitiera llevarse, además del dinero y del perdón, la gloria. Eran tiempos en los que el periodismo y la academia ayudaban a la democracia. El silencio general de las universidades y del periodismo ante las grandes fechorías de nuestra época dicen muy poco de la fibra moral de espacios tan relevantes para que una democracia no naufrague. En EEUU no es extraño que ganase las elecciones Donald Trump. Hace tiempo que esa democracia está podrida. Esta semana hemos visto que las universidades más relevantes del país están silenciando a estudiantes y profesores críticos con el genocidio en Palestina para evitar que financiadores sionistas retiren sus “generosas” donaciones. En España la situación no es muy diferente, con el bochorno añadido de que ni siquiera existe la amenaza de la retirada de donaciones. No ha habido manifiestos relevantes universitarios denunciando la barbarie que nos muestran los telediarios y los rectores españoles no han aparecido protestando por los asesinatos de profesores en Gaza. La cobardía se regala.  La práctica totalidad de los profesores de universidad que escriben en periódicos apoyan la masacre de Palestina, igual que han callado cada vez que en España se ha quebrado el estado de derecho, fuera con los GAL, con la policía patriótica o con el lawfare contra independentistas y Podemos. Ni un maldito curso de verano. Malos tiempos para la lírica. El paso de Podemos al grupo mixto ha llevado a que la “intelectualidad” guarde la carpeta morada con la satisfacción del trabajo bien hecho. Unos dan al partido por muerto, otros por molestamente inútil, otros se regodean en su supuesta insignificancia, aquellos insisten en sus repetidos errores, alguna se pregunta si todavía respira (con ánimo de rematarle) y la totalidad coincide en que aquello ya pasó. No es mal momento para recordar que todo lo que se ha hecho contra Podemos desde 2014 es humillante para la democracia española. Como siempre pasa, si llega el momento en el que el partido morado esté completamente desactivado, veremos a periodistas, juristas, académicos y políticos reconocer públicamente que el ataque del sistema contra este partido rebasó todos los límites del estado de derecho. Podemos puede haber colaborado en la falta de apoyos ante esos ataques por culpa de lo que ha sido su principal defecto, la soberbia, ebria de haber alcanzado en muy poco tiempo 5 millones de votos, de tener unos liderazgos encantados de conocerse (me incluyo) y de gozar de un momento de gloria que permitía ahorrarse la democracia interna y unos modos más amables. En la “bajadita”, los maltratados de ayer son los que hoy celebran la época de vacas flacas. Incluso con los GAL hubo gente decente que criticó la guerra sucia contra ETA, sin que mediara ni por asomo la más mínima connivencia con la banda terrorista ni sus integrantes. No te tiene que caer bien alguien para que diferencies lo que está bien y lo que está mal. La guerra sucia era una canallada aunque se hiciera contra unos canallas. Y aun así, hubo voces que salieron a criticar al PSOE por aquello, pagando el precio de ser señalados casi como cómplices. La defensa del Estado de derecho debe ser indiferente a la condición de con quiénes se quiebra. Es así o es mentira que seas un demócrata, igual que no estás contra la pena de muerte cuando se aplica a un inocente, sino cuando se aplica a un verdadero hijo de Satanás. Jueces corruptos, exjefes de la UDEF corruptos, periodistas corruptos, ministros corruptos, ejecutivos de medios corruptos, comisarios corruptos, inspectores de hacienda corruptos. ¿Quién ha faltado en el festín contra Podemos? Trampas y ataques invariablemente ocultados o incluso defendidos en todos los platós de las televisiones de España. ¡Ay si Goya hiciera un retrato del periodismo patrio…! Estaba escrito en las estrellas… Hay evidentes diferencias entre el acto en el Teatro del Barrio en 2014, cuando se anunció el nacimiento de Podemos por parte de un Pablo Iglesias exultante, y la rueda de prensa en el Parlamento de Ione Belarra, Javier Sánchez, Martina Velarde, Noemí Santana y Lilith Verstringe anunciando, con tristeza, el paso de los morados al Grupo Mixto. Las dos señalaban el comienzo de algo, aunque en el segundo caso, mucho va a tener que esforzarse Podemos para realmente inaugurar una nueva etapa. En 2014 estaba el impulso del 15M y, sobre todo, un PSOE golpeado por la corrupción, la cobardía y el estancamiento. Como una fracasada Casandra, algunos llevamos tiempo anunciando que esto iba a pasar si no se remediaba. Pero no había mucha voluntad de frenarlo por ningún lado. Cuando la flecha está en el arco, lo normal es que salga. ¿De verdad alguien pensaba que iba a ocurrir de otro modo? Si te arrinconan hasta desaparecer o pretenden que mueras por inanición ¿qué te queda? Una es dejarte marchar resignado y la otra levantarte. Si te aplastan, con eso ya contabas. Pero ni Yolanda Díaz -de manera incomprensible porque viene de ahí- ni Pedro Sánchez han entendido que hay una izquierda en España que no ha sido nunca de callarse. En otros lugares, el fascismo fue un paseo. En España les costó tres años pasar, fusilar a 200.000 valientes, encarcelar a 350.000 y exiliar a 500.000. Siempre hemos dicho que en nuestra hambre mandamos nosotros. Y Podemos siempre ha sido más del levantamiento del guetto de Varsovia que de montarse obedientes en el tren camino de convertirte en cenizas. ¿Qué esperaban los que han acorralado a Podemos? Igual Ada Colau pensaba, cuando amenazó con el dinero, que así se iba a silenciar la rabia de Podemos ante su humillación. No reconozco a esa Ada Colau. Por mucho enfado que haya acumulado contra Podemos. Hemos visto en estas semanas cómo le han quitado la portavocía a Podemos en el Parlamento, le han dejado fuera del Gobierno pese a ser el partido más nutrido de toda la coalición, no le han dejado presentar leyes ni propuesta alguna, no les han dejado hablar ni una sola vez en lo que llevamos de legislatura y, con zoquetería, no han dejado hablar a Ione Belarra en la comparecencia de Albares pese a ser el partido que más ha dado la cara contra el genocidio en Palestina. Por si fuera poco, en estas semanas desde Podemos han visto cómo mandaban cartas a sus militantes para que se fueran a Movimiento Sumar. ¿De verdad esperaban que los morados se quedaran quietos esperando el ahorcamiento? Entiendo a los que estaban esperando a la “bajadita”, pero hay mucha gente de izquierda cuyo silencio ante este maltrato les quita varios puntos. No me cabe duda de que también desde Podemos se ha ayudado a llegar hasta aquí. Siempre me interesa más los errores de los míos que los ataques de los adversarios. Claro que afecta que el aparato del Estado te quiera machacar. Pero eso ha pasado desde el principio y Podemos resistió. Algo no se está haciendo bien. La lista larga de gente que se ha marchado debiera hacer reflexionar en profundidad a la dirección. Y tendrá que hacer las cosas de manera diferente si quiere obtener un resultado diferente. La soledad del Grupo Mixto Siempre he confiado en que Ione Belarra podía inaugurar una nueva etapa tras la vertiginosa salida de Iglesias, aunque para ello debe ser capaz de lanzar el mensaje de que, de verdad, comienza una nueva etapa. Su mensaje debe ser plural, incorporar novedad y mirar más hacia delante que hacia atrás (que Canal Red anunciara en primicia el paso de Podemos al Grupo Mixto no ayuda a desterrar el señalamiento, muchas veces rehén del machismo, de que la dirección morada está tutelada). Está claro que Sumar quería que Podemos se marchara y Podemos también quería marcharse. En las bases de Podemos era un clamor romper con Sumar. No creo que ningún militante de ningún partido en España haya sufrido tantas humillaciones como la militancia de Podemos en los últimos meses. El escenario de fragmentación de la izquierda que algunos queríamos evitar se había vuelto inevitable. Como he dicho en otras ocasiones, llegar a este escenario de fragmentación es un fracaso. Podemos nació para representar a seis millones de votantes huérfanos de partido. Hoy está en el Grupo Mixto, mirando de reojo a partidos que hace poco estaban en sus mismas filas y con más enemigos que el mosquetero D’Artagnán la mañana que llegó a París. Las palabras gruesas que se han lanzado desde Sumar muestran lo enredado que está todo. Es evidente que no hay transfuguismo cuando te quedas en el mismo partido, de la misma manera que si consideramos que todos los que hoy están en otros partidos (Yolanda Díaz en Sumar, Íñigo Errejón en Más País, Mónica García en Más Madrid, Alberto Rodríguez en Drago…) estaban en 2019 en Unidas Podemos, lo relevante es entender que, mirando hacia atrás, descarrilamos. Alguien encontrará de nuevo el ábaco. De momento, cada cual va a intentar poner en orden su casa. Y la de todos, a esperar. Mira que te lo dije, Yolanda… Dijimos que cuando pensaran que Podemos estaba ya listo, irían a por Yolanda Díaz. Como ha ocurrido ya. Un editorial de El País este jueves la llama mentirosa, desde la Sexta la tratan de fracasada, alguien en eldiario.es señala lo que llama insuficiencias e incapacidades y Alsina en Onda Cero la trata como a un gafado barco que naufraga.  No quiero ni pensar lo que va a ocurrir con su equipo, al que presentaban como el aire más fresco que llegó nunca a la política. Recuerda demasiado a otras operaciones anteriores. No aprendemos. Aunque en ésta es verdad que Podemos está golpeado. Que nadie se consuele. Yo no encuentro la más mínima satisfacción cuando la derecha ataca a la izquierda. La legislatura viene con curvas. Si Sumar no se diferencia del PSOE se va a romper aún más. Y ahí adentro no hay orden. Los militantes de Izquierda Unida no van a jugar a esa subordinación, y tampoco los diputados que han venido a la política a intentar cambiar las cosas. Sánchez va a tener que jugar en muchas pistas y la menos exigente será la primera que abandone. A día de hoy, le resulta más fácil contentar al PNV que a Sumar. Con el paso al Grupo Mixto,  no le va a pasar lo mismo con Podemos. Y Podemos ya no tiene que reírle ninguna gracia al presidente, porque no se ha portado bien. Esa es una de las principales tareas de Podemos: que el PSOE que quiere volver al bipartidismo no se salga con la suya. Y para ello, y frente a la tarea filibustera de la derecha, convertir el Parlamento en el lugar donde, de verdad, se evalúa al Gobierno. ¿De verdad Pedro Sánchez no se había dado cuenta de que estaban arrinconando a Podemos? ¿Nadie le dijo que eso no era una buena idea? Como a Podemos ya le daban por muerto, no tiene mucho que perder. Ahora tiene que demostrar si es un cadáver o estaba de parranda. A partir de ahora, cada paso que dé va a ser decisivo. Podemos debe ser capaz de demostrar que representa algo que falta y que lo hace lejos de esa careta de antipatía que se ha empeñado en llevar últimamente. Podemos es la fuerza que ha puesto a hablar a España de muchas cosas de las que no se hablaba (en el feminismo es evidente). Se trata de recuperar simplemente eso que los andaluces llaman “el arte”. En cualquier caso, me anima cierta tristeza. Ya tenemos cada uno su fragmento. Ahora, a ver qué hacemos con ellos. En el “centro” se apelotonan demasiados jugadores. Pero en la izquierda hay que ser muy astutos para no dar la sensación de estar colaborando con el debilitamiento del Gobierno. Porque la alternativa ya se sabe cuál es. Comienza la segunda parte del partido. Y las bolas de cristal se han roto todas con las bombas. Yo, como Vázquez Montalbán, quiero ser el que apague la luz.

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