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Museo de niños y abuelos en plena campiña | Revista BohemiaRevista Bohemia

Junto a las diferentes piezas ocupa honroso espacio la relación de internacionalistas que ha tenido la zona. (Foto: Pastor Batista Valdés).

Hace algunos años, cuando en el contexto de un recorrido por la zona, vi por vez primera el pequeño pero fascinante museo con que cuenta la escuelita rural mixta (primaria y secundaria) Ángel del Castillo Agramonte, ubicada en la céntrica geografía cubana de Majagua, me dije: “ojalá en la cabecera de muchos municipios del país hubiera una institución así”.

El retorno a ese centro, donde no por casualidad cada año numerosos alumnos optan por el magisterio, me afianza aquella impresión inicial.

Ubicada en un pequeño, pero bien aprovechado espacio, la sala atesora una amplia cantidad de piezas y documentos acerca de la historia que a lo largo de siglos ha venido entretejiendo esa localidad.

El pequeño museo no tiene nada que envidiarle a otros del país. (Foto: Pastor Batista Valdés).

No imagina el visitante con cuánto orgullo y cuidado, claustro docente y estudiantes conservan desde curiosas piedras, morteros y otros rústicos objetos que evidencian la existencia de un asentamiento aborigen en un lugar cercano llamado La Rosa, hasta la honrosa relación de quienes han ofrecido ayuda internacionalista en otras tierras del mundo.

Hachas, clavos que la tierra y el tiempo oxidaron durante años de sepultada existencia, pedazos de vajilla, restos de armas y otros objetos hallados donde hubo un fuerte español; pozuelo y cuchara pertenecientes a un mambí de la zona, llamado Pedro López Gálvez; el machete con que combatió otro valiente conocido como Lliyo Pérez, brazalete, plato y carné de miembros del Movimiento 26 de Julio, una boina y cantimplora usadas durante el enfrentamiento a las bandas contrarrevolucionarias, un viejo farol que, en silencio y supuestamente apagado, sigue irradiando luz…

¿Cómo llegaron hasta allí esas y otras interesantísimas piezas? ¿Qué institución cultural o histórica tuvo la delicadeza de donar tan valiosa colección?

En los niños suele despertar gran interés la referencia visual a esta etapa aborigen. (Foto: Pastor Batista Valdés).

No pierda su tiempo indagando. Hable con ese humilde hombre a quien todos conocen por El Chino, director del centro; hable con maestros y alumnos, hable con el vecindario y de inmediato hallará respuesta, porque todo el mundo sabe que cada objeto, foto, documento salieron del seno de las familias de la propia zona, por voluntad de abuelos, padres, hijos y nietos dispuestos a donar con gusto lo que entre techos de guano y pisos de tierra guardaron con celo, de generación en generación.

Difícil que fuese de otro modo, entre quienes suman décadas viviendo y respirando, tan cerca, la brisa del monumento ubicado en Lázaro López , sitio donde se constituyó definitivamente el Ejército Invasor, el 30 de noviembre de 1895, tras el encuentro del Lugarteniente General Antonio Maceo, procedente de Mangos de Baraguá, en Oriente, con Máximo Gómez Báez, General en Jefe de las tropas cubanas, en presencia de unos 4 000 hombres provenientes de territorio villareño, camagüeyano y oriental.

Vuelvo a situar mirada en la sala museo de la apacible escuelita y pienso en cuan afortunada es la historia aquí, del mismo modo que quienes han pasado por las aulas desde que se inauguró ese local expositivo, hace 21 años.

Según reitera Arabey, el pequeño museo no está dormido… se enriquece constantemente con el aporte de la propia comunidad. (Foto: Pastor Batista Valdés).

Puede venir mañana mismo alguien de la provincia o del país a ofrecer una conferencia magistral acerca de acontecimientos trascendentales de la historia patria y, seguro estoy porque los he visto, alumnos y profesores escucharán con profundo interés, en medio de un silencio incapaz de ser alterado por el vuelo de un insecto.

Pero si nadie viniese, los 225 niños y niñas que aquí estudian no quedarían huérfanos de conocimiento y de motivaciones. De alguna manera lo percibo en las palabras de una niña que cursó en esta escuela la enseñanza primaria, luego la secundaria básica… y hoy es la subdirectora. Se llama Arabey Gómez Sosa y su punto de vista el siguiente:

“Cada día le veo más valor a este museo, porque recoge la historia de nuestra localidad, de las familias que viven en esta zona. Lo digo con sano orgullo, con el mismo orgullo de cuando me sentaba en una de esas sillas con mis maestros al frente. Y algo muy importante: no es un museo dormido, muerto. Les seguimos inculcando su valor a los alumnos, la significación de cada pieza,  a la vez que se sigue enriqueciendo con el aporte de nuestra comunidad”.

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