Ciudades del futuro

Inteligencia Artificial y Periodismo: ¿por qué algunas no podemos evitar preocuparnos (mucho)?

En estas últimas semanas nos hemos estado aproximando a conceptos –y realidades- sobre los que nunca antes nos habíamos parado a reflexionar, como el de “algoritmo” o la “Inteligencia Artificial”. Su presencia es casi total en nuestra rutina diaria. Desde pedir cita para una consulta médica hasta la realización de una simple operación bancaria desde un cajero en plena calle. La “Inteligencia Artificial” va implantándose imparable en nuestro mundo. De hecho ha logrado ponerlo del revés casi. Resistirse ella, negándola o rechazándola, además de ser un error puede perjudicarnos.  

“Descubrir” este concepto y conocer sus efectos resulta también interesante desde la perspectiva del mundo del trabajo, y en concreto desde la preocupación –compartida por quienes llevan planteándoselo mucho tiempo antes- por el futuro de la profesión periodística. Porque dadas las características del actual mercado laboral y las leyes existentes, las cuales deberían servir para respaldar a quienes no tienen más remedio que trabajar para (sobre)vivir paliando más que fomentando la incertidumbre socioeconómica, ¿qué pasará con los profesionales de la información si las empresas de comunicación apuestan cada vez en mayor medida por el uso de la Inteligencia Artificial? ¿Se sustituirán por robots a los periodistas en las redacciones?, y viendo que las máquinas son implementadas para llevar a cabo tareas o actividades repetitivas, ¿a qué podrán dedicarse los profesionales del periodismo entonces? Desde la perspectiva de quienes entienden la IA como una oportunidad, un avance que traerá más beneficios que problemas al ser humano, acogen estas innovaciones esperanzados. Desde el colectivo Prodigioso Volcán, en su guía sobre IA para periodistas, destacan precisamente que se trata de una herramienta aún por explotar dada su gran capacidad transformadora. Por eso, comparten que la IA “contribuirá a la búsqueda de una sociedad digital más justa, que defienda los derechos de los ciudadanos, a la vez que optimizará los procesos de producción y distribución de información y contenidos”.

Los más optimistas nos tranquilizan, o lo intentan, explicándonos que la “Inteligencia Artificial” para “funcionar” necesitará siempre de la intervención del hombre porque implica “enseñar a las máquinas a desempeñar labores complejas”. En muchos medios de comunicación –es cierto que son los que disponen de más recursos para ello- están apostando por sistemas de IA y ya hay determinadas informaciones, como las económicas o las deportivas, que son elaboradas completamente por máquinas. Los “profesionales humanos” podrán, al liberarse de estas tareas más rutinarias y simples, dedicar su tiempo y en general su esfuerzo a profundizar en otras cuestiones relacionadas con la investigación, por ejemplo, donde la creatividad humana (aún) no puede ser superada por ningún robot.

Además, si bien es cierto que el auge de la Inteligencia Artificial está destruyendo puestos de trabajo, paralelamente también se está favoreciendo una demanda de otros perfiles profesionales con una alta cualificación. Sin embargo, el hecho de que esto esté pasando ya, también nos debería hacer pensar en el sentido del análisis que realizaba Joaquín Borrego Díaz –docente e investigador en el área de Ciencia de la Computación e Inteligencia Artificial de la Universidad de Sevilla- en su artículo “Inteligencia Artificial y el futuro: de la percepción a la realidad”, cuando asegura que socialmente existe una preocupación sobre los beneficios de las nuevas tecnologías y los peligros socioeconómicos de la innovación por la brecha que aparece, y que ya es más que evidente, entre ricos y pobres. De este modo, explica Borrego Díaz, “se está produciendo un recambio de profesionales donde el valor de los candidatos se centra en la formación en nuevas tecnologías”, y con el paso del tiempo los empleos denominados por el autor de “habilidad media”, irán desapareciendo para ser sustituidos por sistemas de Inteligencia Artificial, “porque serán actividades asequibles para los robots”, lo que viene a ser una clara amenaza para buena parte de la clase trabajadora, entre quienes nos encontramos los y las periodistas.

Por otro lado, este contexto pone de manifiesto la importancia que va a tener, o está teniendo ya, un determinado tipo de formación, especializada y enfocada a la nueva realidad en la que nuestra sociedad va desarrollándose a medida que tienen lugar avances científicos y tecnológicos. ¿Qué pasará con aquellas personas que no puedan acceder a una formación que les permita adquirir unas competencias para poder trabajar en este tipo de entornos laborales? Juan Antonio Fernández, trabajador del sector del metal, también reflexiona sobre esta cuestión en “La industria 4.0 en primera persona”. Aunque el autor se centra en las consecuencias de la creciente apuesta de las empresas del sector que mejor conoce por sistemas de IA, que irá poco a poco desplazando mano de obra de baja cualificación, la base de sus argumentos es similar a la que comparten quienes se preocupan por el avance de la digitalización de la sociedad y la adaptación del mercado laboral a esta realidad. De este modo, para Fernández, un puesto robotizado se convertirá en un puesto menos de trabajo para un humano. Quienes sufran la destrucción de empleo que estos robots significarán engrosarán las listas del paro, y tendrán que enfrentar la inseguridad al ver que las posibilidades de conseguir un empleo con unas condiciones “medio dignas” en un futuro se reducen. Dice también este autor, que de manera paralela, al aumentar la demanda de personal altamente cualificado (en robótica, informática, matemáticas, etc.), será inevitable pensar en el clientelismo, el favoritismo y la servidumbre a la hora de acceder a una formación adecuada que permita obtener ese nivel de formación esencial para poder ganarse la vida. ¿Qué ocurrirá en las redacciones de este país entonces? ¿Cómo será nuestra preparación académica o profesional como comunicadores? ¿Tendrán tiempo de “reciclarse” quienes compaginen trabajo con formación para evitar despidos?

En estos días también hemos podido comprobar la situación de la profesión periodística gracias a diferentes informes, como el elaborado por la Asociación de la Prensa de Madrid (APM), editado anualmente, y en el que se refleja el porcentaje de profesionales de la información y la comunicación que aun teniendo un empleo conocen bien la incertidumbre en las que sus condiciones laborales les mantienen. En este sentido y como afirma Julio Fuentes (escritor, licenciado en Filosofía y Letras y trabajador del sector del telemarketing) en su artículo “Nuevas fórmulas de explotación laboral. La ideología de la servidumbre”, la precariedad en la que nos han instalado por norma, “además de ser una realidad social es una ideología”, avalada por las nuevas formas de explotación que se benefician en muchísimos casos de la poca o nula organización de las personas trabajadoras de un sector, empresa, etc. Las reflexiones de Julio Fuentes son interesantes, sobre todo cuando hace referencia a las de otro autor, el filósofo económico austriaco Karl Polanyi, quien vaticinaba el escenario del mercado laboral actual cuando afirmaba que “el sueño del neoliberalismo sería que los empresarios se liberarían finalmente de la gestión de su negocio, dejando en manos de unos trabajadores –convenientemente disciplinados mediante la autoexplotación- la asunción de responsabilidades que nunca le son reconocidas ni retribuidas, y siempre bajo la amenaza latente del despido”.

Está claro que el progreso siempre es bueno, y en relación a la IA estamos convencidas (casi), de que es una aliada más que una enemiga, imparable e incluso necesaria. Lo que nos preocupa (mucho) es la realidad laboral en la que va a ir implantándose y las consecuencias que esto tendrá para la gente de nuestra generación (y para la de generaciones futuras) a la hora de desarrollarse como profesionales de la información y la comunicación existiendo, como lo hace, la tendencia a la ya denominada “uberización de la economía”, donde cada vez un mayor número de empresas utilizan los avances de la Inteligencia Artificial para continuar afianzando el actual sistema de explotación de los más débiles en su propio beneficio y en detrimento de los derechos laborales y sociales conquistados a lo largo de décadas. Y esto asusta porque, como indicaban los compañeros de la Asociación de la Prensa de Madrid (APM), el porcentaje de profesionales del periodismo que prestan sus servicios a empresas sin tener un contrato laboral (que les otorgaría al menos unas ventajas mínimas) en ellas y apareciendo como “freelance” es bastante elevado.

Si esto está sucediendo es gracias sobre todo a las características en las que se basa la regulación del marco jurídico de nuestro mercado laboral, donde la autoexplotación es la consecuencia más evidente de un sistema que nos enseña a ser personas disciplinadas y agradecidas con la precariedad y la temporalidad de los periodistas, como con muchos otros trabajadores en otros muchos sectores.

Nos preocupamos porque, en esta sociedad que ya es desde hace muchos años una “sociedad digital”, intuimos que el desarrollo de la IA será utilizado por algunos para continuar aprovechando la creación de nuevas fórmulas de trabajo donde empresas/empresarios, como apuntaba Julio Fuentes, “además de haberse liberado de la gestión de un determinado negocio, pretenderán también ponerlo en práctica sin asumir ningún tipo de riesgo”. Además, también existen otros retos como el hecho de intentar velar por el proceso de digitalización, para que se adapte de la forma más igualitaria posible en todos los sectores de la sociedad. Quizás Juan Antonio Fernández lleve razón cuando afirma que “las revoluciones industriales deberían ir acompañas de revoluciones morales en la idea (utópica) que persiguen muchos de un mundo más justo”.

Bibliografía:

– Ibáñez, Tomás. 2014. Dossier: Impacto de las nuevas tecnologías sobre el control de nuestras vidas. Revista Libre Pensamiento nº 81.

– Prodigioso Volcán. 2020. Guía Inteligencia Artificial para periodistas: una herramienta por explotar.

– Borrego Díaz, Joaquín. 2016. Inteligencia Artificial y el futuro: de la percepción a la realidad. Dossier: Los nuevos totalitarismos. Revista Libre Pensamiento nº 89.

– Fernández, Juan Antonio. 2018. La industria 4.0 en primera persona. Dossier: El trabajo hoy. Revista Libre Pensamiento nº 96.

– Fuentes, Julio. 2018. Nuevas fórmulas de explotación laboral. La ideología de la servidumbre. Dossier: El trabajo hoy. Revista Libre Pensamiento nº 96.

– Asociación de la Prensa de Madrid (AMP). 2020. Informe sobre la profesión periodística.

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