Arte & entretenimiento

Soledad Pastorutti: “El día que se pueda contar todo lo que yo viví sin necesidad de golpes bajos, me van a entender mucho más”

Entre la niña que se volvía adolescente recorriendo pueblos con su voz, y la mujer plantada y segura que encabeza una gigantesca maquinaria de producción, pasó más que una vida. Fueron momentos hermosos y gratificantes, esos que solo provoca cantar la música de tu tierra, pero también tropiezos y momentos de incertidumbre en donde tuvo que sacar a relucir todo su fuego de artista. Y si no lo encontraba, había que inventarlo.

Así Soledad Pastorutti se prepara para un nuevo Movistar Arena, el 29 de octubre, donde proyecta un concierto que refleja este momento particular que le toca vivir. “Es la esencia de esa niña que sigue jugando en el escenario y también esta Sole recargada, empoderada, que disfruta al máximo cada cosa que le pasa y lo comparte con el resto”, promete la cantante en una charla íntima con Teleshow, en la que viajará de ida y vuelta por estos extremos sin eludir sus vericuetos.

Con más de 25 años de carrera, la artista superó hace tiempo los límites de la cantora de folclore, a los que nunca le interesó ceñirse para volverse una figura popular que trasciende la música.

Hasta hace unos días fue una de las grandes figuras de La Voz Argentina. En su rol de jurado, se permitió mostrarse sensual y desacartonada. “Siempre hice lo que quise, pero no desde un lugar de rebeldía. Nunca pude controlar mi pasión ni mis sentimientos”, cuenta Soledad, que sorprende al revelar que trabaja firmemente en la idea de plasmar su vida en un documental o biopic para todo sepan en profundidad de dónde viene su carrera. Esa que nació como un juego, se convirtió casi sin darse cuenta en un trabajo y no quiere que se termine nunca: “Por suerte me siguen eligiendo y a mí me gusta trabajar. No soy una persona que hace las cosas por compromiso”, sentencia, y sostiene lo dicho en la pasión con la que elije cada una de sus palabras.

—Empiezo por esto de la satisfacción: no es que hay una maquinaria andando y hay que seguir ese camino.

—En un momento se convirtió en eso, y después empecé a preguntarme si estaba haciendo las cosas bien y a corregir lo que estuviera mal. Estamos muy comprometidos profesionalmente en cada show, siempre creciendo y actualizando. Mientras eso suceda, la cosa está bien. Y si no pasa, me quedo en casa.

—El recorrido se arma mucho también con los “no” que uno va diciendo.

—Sí. La experiencia te ayuda a elegir, a no repetir errores.

—Un recorrido en el que fuiste creciendo. Porque está la Sole del folklore, pero también una Sole que fue fusionando, sumando géneros, invitando a más gente a sumarse.

Soy una intérprete que no ha cambiado esa esencia de niña que empezó a jugar en el escenario. A veces me cuesta creer que pasaron tantos años y que ya soy mamá, y todo lo vivo con mucha felicidad. Puedo cantar folclore, pasar por una balada de amor y terminar bailando unas cumbias.

—¿Qué te genera cuando alguien quiere que te quedes encasillada en uno de esos lugares?

—No lo entiendo. Mi esencia ha sido siempre moverme, salir de la zona de confort, incluso cometiendo errores, porque no siempre que uno apuesta gana. Pero cuando perdés es cuando más aprendés. Te caíste, te levantaste, pero lo importante es que seguiste caminando.

—Las redes sociales, que para algunas cosas son maravillosas y democratizaron la generación de contenidos, también permiten que la gente se enoje y muestre su odio de manera muy fuerte. Nadie tiene derecho a enojarse por la búsqueda que un artista está haciendo.

—Es cierto. Pero también es cierto que la gente necesita sacar afuera un montón de cosas. A veces eso que dice no tiene tanto que ver con el artista, sino con un problema que tiene esa persona. Y yo a veces contesto, me divierte, uso algún comentario porque siento que sirve al debate. Ya no me afecta.

—A mí me parece interesante cómo respondés desde un lugar no agresivo, y nos hacés pensar a todos.

—Nunca hay que ser agresivo porque ahí es donde le errás. No digo que alguna vez no se me haya saltado la térmica, pero no suma. Por mezclar las cosas, a veces nos perdemos de lo rico que es debatir.

—Una de las cosas que aprendimos en el último tiempo tiene que ver con no opinar sobre la estética ni sobre los cuerpos de otras personas. Pero yo no puedo dejar de decirte lo bomba que estás Sole. Por favor, cada look que te vemos en La Voz es una cosa maravillosa.

—Muchas gracias. La verdad es que yo estoy muy contenta con esa respuesta de la gente, que también es parte de una búsqueda, de una evolución. De creer más en mí como mujer. De aceptarme como soy, lo que soy, lo que mido, y entender que uno es un montón de cosas.Es la cantante, pero es la mujer, es la artista. Y lo tomo como una revolución: parecía una artista del folclore no podía tener nada que ver con lo estético.

—¿Fue la artista la que se preocupó por eso o fue la mujer que quiso mostrar “soy esta”?

—Las dos. La mujer que empezó a creer más en la mujer, ¿no? Y a entender que si soy esto, no tengo por qué ocultarlo. Y la artista, porque siento que hay muchos desafíos por delante, desde las letras, desde el mensaje. El folclore ha sido siempre la música que representó a la gente, y yo quiero ser siempre la persona que le cante a la gente, desde lo más simple que le pasa todos los días en su vida hasta lo más profundo.

—Existe como una estética del folclore que hay que respetar.

—Clavate el poncho encima y no importa. Obviamente, no importa qué cuerpo tenés; es lo que decías vos antes. A mí me gusta pensar en el vestuario: siento que un show se arma desde un montón de lugares, son muchas piezas, y que el folclore a veces parecía correr con una desventaja porque parecía no ser aceptado eso. Es una cosa que siempre me preocupó. Hace un par de años vi un titular algo tipo: “El folclore fashion”, una cosa así. que decía que para mí era como demasiado porque ya era llevado a un extremo. Pero sí, hay que preocuparse por la estética. Yo sí creo que el folclorista tiene que preocuparse por eso.

La música de mi vida. La infancia en la escuela pública en Arequito dejaba las mañanas o las tardes libres y obligaba a los padres a buscar alguna actividad para sus hijos. A Soledad la veían cantar y bailar todo el día. La anotaron en guitarra porque además era gratis, y en tenis porque su papá le arreglaba al auto al profesor. El resto es historia conocida.

—¿Siempre fue tuyo el sueño de ser cantante?

—Yo creo que al principio no. Al principio creo que yo no decidí ser. La veta artística estaba, siempre me gustó, pero no sé si tenía ganas de hacerlo profesionalmente. Empecé a trabajar de muy chica y mi viejo fue muy criticado por eso. Las maestras no veían con buenos ojos que yo ya trabajara. Dejé el secundario en tercer año y lo terminé en el nocturno gracias a un consejo de mi viejo. Hoy se lo agradezco porque amo lo que hago, y no sé si lo hubiera hecho sin alguien que me empuje, que crea en mí, que me exija incluso. Mi viejo era muy insistente, eso sí.

—¿No fue una presión imposible de manejar?

—Las presiones pueden pasar por un montón de lugares y depende mucho las personalidades de cada uno. Yo siempre fui una persona que hice lo que quise. Mi mamá siempre me dice: “Yo, ¿para qué te digo que no? Si sé que lo vas a terminar haciendo…”. Pero ni siquiera desde un lugar de rebeldía. Nunca pude controlar mi pasión, mis sentimientos.

—¿Y cuándo empezó a ser un deseo tuyo y no de la familia?

—Cuando cumplí 10 años de carrera. Un montón había pasado. Los senté a todos porque todos opinamos, empezamos a tener una empresa familiar, cosa que no fue fácil porque ahí sí todos opinábamos. Yo ya tenía ganas de tomar mis propias decisiones y les dije miren, yo decidí que quiero hacer esto. Amo lo que hago. Y ahí a dividir un poco los roles y fue muy bueno, fue muy sano. Nadie me dijo che, estás equivocada ni nos peleamos ni nada, fue una charla.

—¿No hubo pases de factura?

—No. No porque yo entiendo que mis viejos hicieron lo que pudieron.

—¿Y de ellos para vos?

—Tampoco. Siempre acompañaron, pero saben que yo también fui una persona de mucho trabajo y sacrificio. A mí no me gusta cuando en La Voz, los participantes dicen lo que les cuesta: a todos nos cuesta. No hay ninguna persona que haya hecho un camino largo sin algún sacrificio, sin dolores, sin llorar, sin arrepentirse…

—Cuando tomás las riendas de tu carrera sigue siendo una empresa familiar, pero bajo tu órbita, con tus decisiones.

—Sí. Mi hermana (Natalia Pastorutti) se separa porque está haciendo su carrera como solista, y tuvimos una charla muy linda aprovechando los espacios un poquito más interesantes que hoy tenemos las mujeres. Mi viejo está dedicado a ayudarme más desde otro lugar, con los nietos, con esperarnos con una rica comida, con abrazarnos cuando llegamos.

Todos juntos. Desde el comienzo de esta emancipación, una parte fundamental del engranaje familiar es Jeremías Audoglio, su compañero desde el 2000, su marido hace 15 años y el padre de sus hijas, Antonia y Regina. Los roles se multiplican y él puede ser desde el chofer hasta quien defina el armado de la técnica o determine cuestiones de marketing. “Es difícil separar los roles cuando además vivimos juntos, y los dos queremos que nos vaya bien”, admite Soledad, y abre una ventana a la intimidad.

—¿Discuten más por lo profesional que por lo personal?

—Se mezcla todo. Él en ese sentido es muy inteligente: es un tipo que en casa habla poco de trabajo. Yo no lo puedo cortar. Pero él, calla.

—Es que en vos, la mujer y la artista son la misma.

—Sí. Esta es mi vida, mi pasión. Mis hijas algún día me van a reprochar un poco eso de estar tan pendiente de mis trabajos las 24 horas del día. Creo que con los años me van a entender, pero es que no puedo. Es difícil formar una familia y además, tener una carrera artística. Parece que en este medio no es compatible una cosa con la otra, que en alguna tenés que ser un desastre.

—¿Hay una canción que sientas que te cambió la vida?

—Aparte de los hits que todos conocemos, hay dos canciones que quiero mucho. Una que escribí y que tuve la oportunidad de que Santana le ponga la guitarra, que se llama “Vivir es hoy”, que es un orgullo personal: animarme a escribir una canción que encima es como un himno para mi público. Y “Brindis”, no solo por lo ocurrido con el Diego (por Maradona), sino porque es un tema que me regaló Afo Verde cuando tomé las riendas de mi carrera, y me sigo identificando con su letra.

—No sabía de la existencia de ese quiebre en el que vos decidís: “Esta soy yo”.

—Porque fue más personal, más interno.

—¿Evaluaste en ese momento si seguías en la música?

—También, porque es complejo este medio por las exigencias y hay que aprender cómo tomarse las cosas. Creo que en los últimos años maduré mucho como persona y empecé a colocar las cosas en su lugar.

—¿Te da miedo la permanencia?

—Es mi trabajo… (risas). O sea: sí. Me puedo arremangar y empezar de cero en otra cosa, pero quiero vivir de esto. Y como ha cambiado tanto la industria, si hoy manda cierto público de una cierta edad, es muy difícil que me elijan. Por un montón de cosas, porque no vivió lo mismo que viví yo, porque no tenemos la misma manera de hablar.

—Manejan otro lenguaje.

—Claro. Y está bien, es normal. Entonces a veces entramos en la locura de tener que llegarle a todo el público, y ahí es donde se confunden los tantos. Yo siempre quise llegarle a la gente de la manera en que soy, no puedo maquillarme de otra manera para ir a un lugar, pero sí puedo divertirme con la música. Puedo cantar “Yo no te pido la luna” con los MYA o “Lágrimas y flores” con Natalie Pérez. Yo siento que este año mío es un año de permitidos musicales.

Vivir es hoy. Este concepto lúdico surgió durante la pandemia, donde en mateadas virtuales, la artista abrió su composición y sumó nuevos colores a su paleta musical. Las ideas se plasmaron en canciones y en otro riesgo de los que tanto le gusta asumir. “El arte es eso, es libertad total. Ver a Soledad cantando estas cosas o vestida de una manera un poco diferente, trajo obviamente críticas. Pero yo la paso bien”, dice orgullosa.

—En este nuevo camino aparecieron la Sole conductora en La Peña, la Sole de La Voz. ¿Te gusta?

—Me gusta hablar con la gente y creo que la tele es un lugar que conecta mucho.

—¿Te puedo ver en la tele en algo que no tenga que ver con la música?

—Sí. Además de cantante, soy un personaje para la gente. Me encanta la tele, el cine, lo que sea.

—¿Te gustaría que se haciera el documental de tu vida?

—Sí.

—¿Se habló? ¿Te contactaron en algún momento?

—Sí, hay varios proyectos dando vueltas. Uno lo habíamos empezado con Gerardo Rozín. El día que se pueda contar todo lo que yo viví sin necesidad de ir a los golpes bajos y esas cosas, mucha gente me va a entender mucho más. El que no me eligió como cantante me va a elegir desde otro lugar, como persona. Va a empatizar desde otro lugar. Se va a hacer este famoso crossover que a veces, hoy pasa con muchos artistas que no se da con la música bueno, lo que decías vos del tenista, yo he conocido a Luis Miguel desde otro lugar gracias a su serie. Y empecé a entender un montón de cosas, porque antes decía ah no, el divo, el que… Y decís no, no entendés todo lo que le pasó al tipo. Sería muy beneficioso para mi carrera tener un alguien que pueda contar todo lo que yo viví.

— Sos un personaje que no genera una grieta y en general sos muy querida. ¿Lo sentís?

—Sí. Pero también es cierto que por mi manera de ser, que siempre fui una persona muy de minimizar muchas cosas, incluso de tirar abajo muchas cosas, y a mí me costó mucho empoderarme artísticamente y como persona supongo que por mi niñez, porque siempre fui una piba de clase media baja viste. Todo eso te marca. Como te crías te marca todo. Yo lo que creo que un documental o una serie revalorizaría o le daría otro valor a todos los logros. Eso es lo que siento.

—Sos una artista popular que cantas sobre lo que nos pasa, que recorrió mucho la Argentina y hoy una vez más estamos viviendo un momento re difícil, con crisis económica, peleados entre todos. ¿Qué te encontrás cuando viajás?

—Yo a la gente le doy mucho amor. Le doy alegría a través de mi música. Canto realidades no poniéndome desde el lugar del dedo que indica, sino que cuento una historia. Hoy sumar violencia a la violencia, sumar injusticia a las injusticias, sumar críticas a las críticas….

—Te lo guardas. Nunca te pusiste en un lugar partidario.

—No. Pero no por tibia, porque a veces la gente confunde eso. Soy una persona como cualquier otra que sufre con la gente que conozco. Hay muchas realidades que no conozco y siento que cuando doy una opinión genero una injusticia porque estoy dejando afuera a un montón de gente que tiene otro punto de vista. Me pasaba cuando iba a la Facultad y notaba que las opiniones estaban totalmente divididas y me ayudaron un montón esos años para darme cuenta de la diversidad que hay en un montón de cosas. Yo soy muy respetuosa de la diversidad, nací el 12 de octubre. También estamos en un momento de los medios en donde a veces se busca el título y es un riesgo muy grande que no tengo ganas de correr. Así como en la música no tengo ganas de que nadie me ponga en una caja y me encasille, tampoco tengo ganas de decir una cosa en chiste en el escenario y salir en todos lados.

—¿Qué le dice esta Sole a la que empezó, a la chiquita que iba con la familia y recorría los festivales?

—Esta Sole está muy orgullosa de esa nena que sin tantos recursos llegó muy lejos, muy agradecida a la familia y al público que la bancó. Pero también le digo que es importante que haya jugado, que se haya divertido, que haya creído en que era posible. Y esa nena a esta mujer le tiene que agradecer la entrega y a evolución.

—¿Te sorprende más el recorrido artístico o el personal?

—Los dos van de la mano porque me cuesta mucho separar a la artista de la persona. Pero sobre todo el artístico, son 26 años de no haber parado nunca. La mayoría o abandonamos o nos apagamos o nos conformamos con una etapa. Yo nunca me conformé y no me voy a conformar nunca.

—Vamos a festejar porque lo necesitamos. Venimos de cosas muy difíciles.

—Por supuesto. La realidad está tremenda en Argentina y en el mundo. Que nada nos quite la sonrisa. La sonrisa es poder también. La sonrisa es el arma más linda. Por eso yo digo cada lucha hay que hacerla con conciencia, con mucha convicción, con mucha verdad, pero yo no voy a luchar con cara de culo. Voy a luchar con la sonrisa.

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